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Picasso en solitario encarna toda la aventura de la pintura
del siglo XX. Su producción ininterrumpida, su constante
afán de renovación, su espíritu inquieto de experimentador
constante de los problemas del sistema de representación,
su actitud ante la Historia y su sentido iconoclasta
con respecto a la tradición, así como sus valoraciones,
siempre sorprendentes y originales, de los modelos del
pasado, hacen de Picasso un paradigma de la pintura
del siglo XX.
La trayectoria de Picasso no puede encasillarse en una evolución
lineal o en una participación en alguna de las tendencias
artísticas de su tiempo. Tampoco cabe limitarla a la
pintura, aunque sea esta su actividad principal, pues
sus dibujos, grabados, cerámicas y esculturas ocupan
un lugar destacado en el arte de nuestro siglo. Las
tendencias de las que fue protagonista, como el Cubismo,
fueron creadas por él. Pero lo más sorprendente de su
trayectoria reside en el hecho de que en los constantes
vaivenes de su pintura siempre se halla latente una
impronta esencialmente picassiana caracterizada por
la diversidad en el marco de una rigurosa unidad. Hasta
1898 siempre utilizó los apellidos paterno y materno
para firmar sus obras, pero alrededor de 1901 abandonó
el primero para utilizar desde entonces sólo el apellido
de la madre. El genio de Picasso se pone ya de manifiesto
desde fechas muy tempranas: a la edad de 10 años hizo
sus primeras pinturas y a los 15 aprobó con brillantez
los exámenes de ingreso en la Escuela de Bellas Artes
de Barcelona, con su gran lienzo Ciencia y caridad
(1897, Museo Picasso, Barcelona), que representa, dentro
aún de la corriente academicista, a un médico, una monja
y un niño junto a la cama de una mujer enferma; ganó
una medalla de oro.
En abril de 1896 participa en la Exposición Municipal de Barcelona
con la obra Primera comunión. Un año
más tarde envía a la Exposición Nacional de Bellas Artes
de Madrid la obra Ciencia y caridad,
con la que obtiene una mención honorífica. Ese mismo
año ingresa en la Real Academia de San Fernando de Madrid,
pero a final de curso cae enfermo de escarlatina y tiene
que regresar a Barcelona. En 1899, de nuevo en Barcelona,
suele parar en el café "Els Quatre Gats", lugar frecuentado
por numerosos intelectuales. Poco después, en febrero
de 1900, expone en dicho café una serie de retratos
de artistas y amigos en la línea de Ramón Casas. En
octubre realiza su primer viaje a París, donde conoce
al marchante catalán Manach, que le ofrece una suma
mensual a cambio de un cierto número de obras, es su
primer contrato. Allí pinta obras tales como Autorretrato
o Le Moulin de la Galette. En diciembre
vuelve a Barcelona. Entre 1900 y 1902 Picasso hizo tres
viajes a París, estableciéndose finalmente allí en 1904.
El ambiente bohemio de las calles parisinas le fascinó
desde un primer momento, mostrando en sus cuadros de
la gente en los salones de baile y en los cafés la asimilación
del postimpresionismo de Paul Gauguin y del simbolismo
de los pintores nabis. Los temas de la obra de Edgar
Degas y Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec, así
como el estilo de este último, ejercieron una gran influencia
sobre Picasso. El cuadro Habitación azul (1901,
Colección Phillips, Washington) refleja el trabajo de
ambos pintores y, a la vez, muestra su evolución hacia
el periodo azul, así llamado por el predominio de los
tonos azules en las obras que realizó durante estos
años. En ellas reflejará la miseria humana, con trabajadores
extenuados, mendigos, alcohólicos y prostitutas, representados
con cuerpos y formas ligeramente alargadas, recordando
el estilo de El Greco.
Poco después de establecerse en París en un desvencijado edificio
conocido como el Bateau-Lavoir, Picasso conoce a su
primera compañera, Fernande Olivier. Con esta feliz
relación Picasso cambió su paleta hacia tonos rosas
y rojos; los años 1904 y 1905 se conocen, así, como
periodo rosa. Sus temas se centraron en el mundo del
circo, que visitó con gran asiduidad, creando obras
como Familia de acróbatas (1905, National
Gallery, Washington). En la figura del arlequín, Picasso
pintó su otro yo, su alter ego, práctica que repitió
también en posteriores trabajos. De su primera época
en París datan su amistad con el poeta Max Jacob, el
escritor Guillaume Apollinaire, los marchantes Ambroise
Vollard y Daniel Henry Kahnweiler y los ricos estadounidenses
residentes en Francia Gertrude Stein y su hermano Leo,
quienes se convirtieron en sus primeros mecenas. Todos
ellos fueron retratados por el pintor.
1907 es considerado el año del nacimiento del Cubismo al pintar
Las Señoritas de Avignon. A partir
de aquí y conjuntamente con Braque, pues se desconoce
quien de los dos aporta las ideas o va por delante en
los descubrimientos se afianza en la búsqueda de la
geometría de la estructura y la reproducción del volumen,
reduciendo los objetos a volúmenes primarios, la huella
de Cézanne se deja sentir, pero a diferencia de éste
optan por las formas geométricas rectilíneas de cubos,
pirámides, paralelepípedos. Este período que abarca
hasta 1912 es el conocido como Cubismo Analítico, la
mayoría de los cuadros de este período son bodegones,
naturalezas muertas y retratos, destacan el de los marchantes
Kahnweiler y Vollard.
Picasso ha sido uno de los pocos pintores contemporáneos que
han acometido, como una preocupación prioritaria, la
realización de obras maestras. Mientras que para la
mayor parte de los artistas esta categoría no superaba
la condición de concepción propia del arte del pasado,
para Picasso fue una obligación ineludible. En dos ocasiones
sus experiencias se orientaron a la realización de obras
que se convirtieron en referencias imprescindibles de
la pintura contemporánea. Las demoiselles de
Avignon (Avinyó) (Nueva York. Museum of Modern
Art) fue la primera de ellas en la que Picasso se planteó
una ruptura, consciente y coherente, con el sistema
de representación perspectivo que había venido funcionando
desde el Renacimiento como soporte y método insustituible
de la pintura occidental. La segunda obra, a la que
se hará referencia más adelante, es el Guernica
(Madrid. Centro de Arte Reina Sofía), en la
que Picasso acomete una obra de empeño en la que se
estableció toda una reflexión en torno a las funciones,
valores y usos de los modelos clásicos. La documentación
conocida y los estudios monográficos dedicados a estas
dos pinturas hacen de ellas un caso excepcional no sólo
del arte de nuestro tiempo sino de toda la historia
de la pintura.
En 1914 se produce el estallido de la I Guerra Mundial, mucho
de los amigos de Picasso están en el frente pues han
sido llamados a filas, el poeta Apollinaire, Braque,
Max Jacob, Picasso al no ser francés no es alistado
y sigue trabajando, pero son años de soledad y de penuria,
su compañera en esos momentos muere. Picasso es amigo
de Jean Cocteau quien en 1917 le propone trabajar en
los decorados y figurines del ballet ruso de Sergio
Diaghilev. Acepta. Se traslada en febrero a Roma, trabaja
fervientemente, la música del ballet es de Eroic Satie,
cuando se estrena el público expresa ruidosamente su
indignación por el ballet pero aplaude el decorado de
formas cubistas móviles. Durante estos meses ha conocido
a la bailarina Olga Koklova, quien abandona el ballet
para ir a vivir con Picasso.
Picasso va a entrar en una nueva etapa, influido por ese viaje
a Roma, y por un deseo que va a invadir a la mayoría
de los artistas de esta época de centrarse y de volver
al orden y hacia los clásico para intentar superar el
gran drama que supuso la I Guerra Mundial y las consecuencias
posteriores que acarrea. Esta nueva etapa que se conoce
como neoclásica se caracteriza por el uso de formas
escultóricas e imágenes de una grandiosidad y se centra
en el retrato. Pero durante estos años va alternar esta
vía clasicista con sus obras de carácter cubista. Dentro
del primer grupo tenemos Las Bañistas,
Mujeres sentadas y Mujeres
a la orilla del mar, Arlequines,
la Flauta de Pan. Dentro del segundo
sin duda el cuadro más importante es Tres músicos
que es una alegoría a su amistad con Apollinaire
y Max Jacob. Dentro de un estilo realista, figurativo,
en torno a 1917 Picasso la retrató en varias ocasiones,
al igual que a su único hijo legítimo, Pablo (por ejemplo,
en Pablo vestido de Arlequín, 1924,
Museo Picasso, París) y a sus numerosos amigos. A comienzos
de la década de 1920 pintó una serie de cuadros con
figuras robustas, pesadas, escultóricas, dentro del
que se ha denominado estilo ingresco, como por ejemplo
Tres mujeres en la fuente (1921, Museo
de Arte Moderno) y obras inspiradas en la mitología,
como Las flautas de pan (1923, Museo
Picasso, París). Al mismo tiempo creó también extraños
cuadros de bañistas inflados e informes, con cabezas
muy pequeñas y grandes cuerpos, así como retratos de
mujeres en actitudes violentas, convulsas, indicando
a menudo con ellas sus propias tensiones vitales. Aunque
siempre declaró que no era surrealista, en muchos de
sus cuadros se pueden apreciar cualidades y características
propias de este movimiento artístico, como en Mujer
durmiendo en un sillón (1927, Colección Privada,
Bruselas) y Bañista sentada (1930,
Museo de Arte Moderno).
En 1930, en febrero pinta, inspirándose en Grünewald, una
Crucifixión en la que se anticipan
aspectos de¡ Guernica. Recibe el premio
de la Fundación Carnegie, que le permite comprar el
Palacete de Boisgeloup. El año siguiente se realizan
exposiciones importantes de su obra en Londres, París
y Nueva York. Mientras tanto se dedica casi exclusivamente
a la escultura. Las experiencias descritas ponen de
manifiesto la vitalidad y versatilidad del lenguaje
de Picasso, desarrollado a través de un itinerario en
constante proceso de renovación. En este sentido, una
de las obras maestras del pintor, características de
su capacidad para convertir la pintura en un lenguaje
expresivo orientado a conmover nuestra sensibilidad,
es el Guernica (Madrid. Centro de Arte
Reina Sofía). El gobierno de la República encargó a
Picasso un cuadro para el Pabellón de España en la exposición
Internacional de 1937. El bombardeo de Guernica por
la aviación alemana le sugirió a Picasso el tema del
cuadro. Picasso comenzó a realizar los primeros dibujos
preparatorios el 1 de mayo de ese año. Durante la ejecución
del cuadro introdujo numerosos cambios que quedaron
registrados en el reportaje fotográfico realizado por
Dora Maar. Picasso realizó un cuadro de grandes dimensiones
con una acentuada reducción del color a blanco, negro
y gris. En torno al significado del cuadro se han emitido
las más variadas interpretaciones. Lo que es evidente
es que Picasso no introdujo ningún elemento de identificación
del acontecimiento que hubiera convertido el cuadro
en un panfleto ocasional y pasajero. Lo que realizó
Picasso fue una crítica de la muerte del inocente. De
ahí, la perdurabilidad y vigencia de su mensaje. Un
caballo en el centro agonizando centra la composición
en la que aparecen personajes que ofrecen una clara
connotación significativa con temas conocidos, como
es el caso de la madre con el niño que se halla a la
izquierda, concebida a la manera de una "Piedad". La
figura del guerrero muerto del primer término, o la
que se descuelga del edificio de la izquierda envuelta
en llamas o las que se dirigen de derecha a izquierda,
una con una antorcha y otra arrastrándose, aparecen
como intérpretes de un acontecimiento patético. Solamente
una figura, el toro de la izquierda, aparece representado
como un personaje ajeno al drama y mirando al espectador
como referencia al pintor narrador. En otras ocasiones,
como en Naturaleza muerta con cabeza de toro,
libro, paleta y vela (Nueva York. Colección
particular), de 1938, Picasso se retrató de forma similar.
Con ello, Picasso planteaba en el Guernica
el parangón con "obras maestras" como Las Meninas de
Velázquez y La Familia de Carlos IV de Goya, en las
que los pintores se han autorretratado mirando al espectador
en el mismo lugar del cuadro.
El estallido y posterior desarrollo de la II Guerra Mundial
contribuyeron a que la paleta de Picasso se oscureciera
y a que la muerte fuera el tema más frecuente en la
mayor parte de sus obras. Así lo vemos, por ejemplo,
en Bodegón con calavera de buey (1942,
Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf) y en
El osario (1945, Museo de Arte Moderno).
Conoce por entonces a la pintora Françoise Gilot, con
la que tendrá dos hijos, Paloma y Claude; ambos aparecerán
retratados en numerosas obras que recuperan los primeros
estilos de Picasso. Su última compañera sentimental,
a la que también retrató en bastantes ocasiones, fue
Jacqueline Roque, a la que conoció en 1953 y con la
que se casó en 1961.
París fue su refugio durante mucho tiempo, pero los últimos
años de su vida los pasó en el sur de Francia, trabajando
en un estilo muy personal, con vivos colores y formas
extrañas.
Falleció en Mougins en 1973, cuando preparaba dos exposiciones,
demostrando su capacidad creativa hasta el final.
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