MIRO
  Joan Miró (1893-1983), pintor español cuyas obras recogen motivos extraídos del reino de la memoria y el subconsciente con gran fantasía e imaginación, y que se encuentran entre las más originales del siglo XX. Joan Miró Ferrà nace en Barcelona, a las 9 de la noche, en el pasaje del Crèdit, 4, del día 20 de Abril de 1893. Su padre, Miquel Miró Adzerias, hijo de un herrero de Cornudella, es orfebre y relojero. Su madre, Dolors Ferrà Oromí, es hija de un ebanista de Palma de Mallorca. Su figura y producción han sido de gran importancia en el curso de la vanguardia internacional del siglo XX, tanto por el peculiar énfasis y equilibrio que puso su obra en la expresión y la experimentación, como por su singular significación.

En 1907 siguiendo los deseos de su padre se matricula en la Escuela de Comercio de Barcelona, y además asiste a las clases de la Escuela de Bellas Artes de La Lonja, donde recibe clases de Modesto Urgell y Josep Pasco. A los diecisiete años, tras finalizar los estudios de comercio, comenzó a trabajar como contable en una empresa de metalurgia y química, lo que le terminó ocasionando una leve crisis nerviosa y fiebres tifoideas, situación de la que se fue recuperando en la masía que, por esas fechas, su familia adquirió en Montroig (Tarragona), pueblo de sus abuelos paternos al que Miró acudió periódicamente, y que resultó ser un lugar importante en su trayectoria. En 1912 se matricula en la Escola D,Art dirigida por Francisco Gali. Academia que proponía una educación artística integral, donde además de aprender dibujo y pintura se discutía sobre la obra de Van Gogh, Cézanne, Gaugin, etc. Galí proponia tocar las cosas, los objetos, las personas para después pintarlas y dibujarlas, de forma que se ampliaba la experiencia sensorial para después ser capaces de traducir visualmente todas las sensaciones. Sus excursiones al campo no eran para tomar apuntes o esbozos, sino que se paseaba, se tocaba música, se leía poesía, etc. Es decir, se proponían unos métodos muy distintos a los académicos. También en este año conoce la obra de los Cubistas por la exposición que tiene lugar en la galería Dalmau, entre otros expusieron Gleizes, Gris, Duchamp.

Al año siguiente se matriculó en los cursos de dibujo del Cercle Artístic de Sant Lluc, que también daba a sus miembros la oportunidad de exponer, a los que asistió hasta 1918. Ese mismo año Miró, que tiempo atrás había alquilado un estudio con Ricart y había conocido al galerista Josep Dalmau, exhibió su primera muestra individual en la galería barcelonesa de este último, una exposición compuesta de más de sesenta y cuatro obras cuyo interés descriptivo, vivos colores e inquietas líneas dejaban sentir significativas influencias fauvistas y cubistas. También ese año, por otro lado, fundó dentro del citado Cercle de Sant Lluc (junto a Ricart, Ràfols, F. Domingo, R. Sala y, luego, Llorens Artigas) la Agrupació Courbet, pintor cuyo radicalismo admiraban y querían trasponerlo al avance en la intensidad y vigor del color y la línea. En 1920 se trasladó a París, donde entabló amistad con Pablo Picasso, y bajo la influencia de los poetas y escritores surrealistas, su estilo fue madurando. Su vínculo fue tan importante, que algunos piensan que el biomorfismo de Miró influyó en la creación del la obra Guernica. Miró también recibió la influencia del fauvismo, sobre todo por la densidad del color y la presencia del cubismo. Miró parte de la memoria, de la fantasía y de lo irracional para crear obras que son transposiciones visuales de la poesía surrealista. De este periodo destacan obras como La masía (1923), La tierra arada (1923), El cazador (1923-24). A través de André Masson, conoce a Michel Leiris, y probablemente a Antonin Artaud, Robert Desnos, Jean Dubuffet, Paul Éluard, Marcel Jouhandeau, Georges Limbour, Raymond Queneau y Armand Salacrou. También conoce a Ernest Hemingway -que le comprará el cuadro La masía- y a Ezra Pound. En Mont-roig comienza a pintar La tierra labrada, Paisaje catalán (El cazador) y Pastorale, que marcarán una nueva trayectoria en su obra. En París, algunos poetas y escritores de vanguardia se reúnen en el taller de Masson, en la calle Blomet, 45. Durante este periodo, las amistades de Miró incluyen a Max Jacob, Michel Leiris, Georges Limbour, Benjamin Péret, Armand Salacrou y Roland Tua.

La incursión de Joan Miró en el campo de la obra gráfica fue posible gracias a su relación y amistad con el círculo de poetas y escritores conocidos a través de André Masson, al lado del cual Miró tenía, desde 1925, su estudio en la rue Blomet de París. “Los poetas que Masson me presentó me interesaban mucho más que los pintores que encontré en París. Me sentía impresionado por las ideas que expresaban y especialmente por la poesía que discutían. Leía con afán durante toda la noche; principalmente poesía, en la tradición del Surmâle de Jarry...”.

Dos años más tarde, en agosto de 1927, el poeta Paul Éluard le remite unos poemas de Lise Hirtz, gran amiga de André Breton, transmitiéndole su deseo de que fuesen ilustrados por él. En realidad, no era la primera vez que se le solicitaba una obra para ilustrar un libro. En 1927 el poeta J.V. Foix pidió a Miró que realizara un dibujo para reproducirlo en la portadilla de su libro Gertrudis editado por L’Amic de les Arts. Pero en esta nueva ocasión, Paul Éluard le sugerirá la utilización de la técnica del pochoir para este trabajo y en el mes de octubre Joan Miró ejecuta los gouaches en los que se basará para realizar los pochoirs que ilustrarán el libro Il était une petite pie de Lise Hirtz. A continuación se los enviará a André Breton. La publicación de Il était une petite pie no se producirá hasta noviembre de 1928, el libro incluirá finalmente ocho pochoirs de colores. La técnica del pochoir no se considera estrictamente técnica de grabado, sin embargo pertenece a la obra gráfica del artista por su elaboración y por su concepción ya que puede decirse que Il était une petite pie es el precedente directo de las ediciones de bibliófilo. Esta, además, será la primera vez que Miró elabore unas ilustraciones pensando en los poemas que van a acompañar.

1929 es el año en que inicia las primera litografías y el año de su boda con Pilar Juncosa. La brutalidad de sus obras durante la década de los 30 es un aviso de aquello que iba a suceder. Son años de inicio de una abstracción más acentuada, enfatizando su siempre deseo de reducir, sin abandonar el dramatismo. En los primeros años de la década de los 30, sufre una grave crisis creativa que le lleva a abandonar la pintura por el dibujo y el collage, comenzando la serie de las llamadas "construcciones" realizadas en tres dimensiones. En 1933 Efstratios Elefteriades, más conocido como Tériade, editor de arte francés de origen griego, encargó a Miró una punta seca -Daphnis et Chloé- basada en un pasaje de la mitología griega, con el objetivo de ayudar a financiar la revista Minotaure. Este magazin, publicado entre 1933 y noviembre de 1939, fue fundado en París por el editor Albert Skira quien pronto atribuyó la dirección artística del mismo a Tériade con la colaboración de Paul Éluard y André Breton. Minotaure se convirtió en modelo de efervescencia intelectual que revelaba los mayores avances del arte de preguerra. Joan Miró, en dicha década de los treinta, no hizo, pues, sino ensanchar las posibilidades artísticas de ese doble fermento investigador, antes descrito, y, con ello, se afirmó como uno de los más destacados y personales exponentes del arte surrealista. En esta evolución, la serie pintada en 1933 en Barcelona, compuesta de dieciocho grandes lienzos en los que partió de la base del colage, sin duda está entre lo más representativo de su inquietud. Miró reunió reproducciones, tomadas de catálogos y revistas, de objetos mecánicos, herramientas, utensilios cotidianos y, en general, de productos deliberadamente exentos de poesía, para conformar inacabados colages o ensamblajes, que guardaba hasta que la inspiración “automática” les daba forma. Como en el caso de los citados cuadros barceloneses, el punto de partida de estas sugestiones, la cuidada composición y la aplicación de una limitada gama de colores luminosos, característica de su pintura, era cuanto necesitaba el imaginativo Miró para incorporar aquellas formas a su mundo de figuración orgánica. A pesar de que el proceso seguido por Miró en la elaboración de sus obras parece alejarlo de los motivos reales de inspiración, lo cierto es que el pintor nunca llegó a perder la relación con el mundo real (el de la tecnología, por ejemplo, en las últimas obras). La pintura de Miró, ciertamente, fue haciéndose menos rica en detalles anecdóticos durante los años treinta y, paralelamente, sus signos se fueron simplificando y su vocabulario continuó ensanchándose; no obstante, el pintor siguió siendo accesible.

Por otro lado, en cuanto al mundo exterior, aunque Miró siempre se mantuvo bastante apartado de la política, de los compromisos militantes y de las querellas de grupo (algo nada fácil ni frecuente entre los surrealistas), la situación de la España de los años treinta le provocó una gran inquietud que trascendió hasta su obra. En sus creaciones de 1933 ya habían hecho aparición la agresividad y los personajes monstruosos o deformes y, a partir del año siguiente, Miró comenzó su serie de cuadros “salvajes”: Mujer (1934), Cuerda y personas (1935), La comida del campesino (1935), Hombre y mujer ante un motón de excrementos (1936), etcétera. Esta última obra, pongamos por caso, que fue considerada por el pintor como una especie de premonición inconsciente del desastre que se avecinaba (los conflictos bélicos español y mundial), muestra a un par de personajes con el sexo bien marcado y unas desproporcionadas extremidades, activamente resaltadas por las sugerentes dimensiones y el contrastado cromatismo. Situados, además, en una atmósfera de fuertes claroscuros (lo que contribuye a dar cierto carácter trágico e irreal a la escena), los signos y formas del cuadro, provenientes de asociaciones casi infantiles de la percepción y de la distorsión emocional de los elementos, se adecuan de forma espontánea al tenso presentimiento que embarga al autor.

En 1936 estalla La Guerra Civil Española, el 18 de julio, le sorprende en París. Este hecho le impide volver a Barcelona. En 1937 Realiza una obra para el Pabellón Español de la República en la Exposición Universal de París: El faucheur o el Segador, un mural hoy desaparecido. Afectado por la victoria del General Franco en 1939 y el comienzo de la II Guerra Mundial, Miró se retira a una casa solitaria de Varengeville-sur-Mer en Normandía. Estas dos guerras las sufrió como verdaderos tormentos que sólo aparecerán reflejados en sus cuadros, y deseos de escapar a la realidad que le llevan a refugiarse en la noche, la música y las estrellas inaugurando una serie de gouches denominados Constelaciones. Aunque identificado con la causa republicana, volvió a España en 1940, tras el inicio de la II Guerra Mundial, donde llevó una vida retirada durante toda la dictadura franquista. Miró también experimentó con otros medios artísticos, como grabados y litografías, a los que se dedicó en la década de 1950. También realizó acuarelas, pasteles, collages, pintura sobre cobre, escultura, escenografías teatrales y cartones para tapices. En 1947 va, por primera vez, a Estados Unidos, donde tiene que hacer una pintura mural para la Gourmet Room del Terrace Plaza Hotel de Cincinnati. Durante su estancia en Nueva York, frecuenta el taller de Stanley W. Hayter, Atelier 17, donde profundiza las técnicas de grabado. El mismo 1947 participa en la exposición "Le Surréalisme en 1947: Exposition Internationale du surréalisme", en la Galerie Maeght de París, organizada por André Breton y Marcel Duchamp.

En la década de los 50, Miró busca nuevas soluciones a través del grabado en madera: “En el grabado sobre madera veo grandísimas posibilidades, pero haciéndolo de una manera actual, no como los que quieren resucitar este oficio, que lo hacen como se hacía hace cinco siglos, sin tener en cuenta que antiguamente lo hacían de este modo porque no existía todavía el grabado al buril (…) Partir de la madera y con la magia de las herramientas cortarlas brutalmente, como una talla negra –derramar tinta encima de la madera y partir de estas manchar e ir dibujando; partir también de manchas de cera que dejaré caer sobre formas de estaño fundidas en el fuego que colocaré encima de la madera. Hacer un triángulo muy limitado y colorear todas las pruebas de modo diferente…” . Así, en abril de 1950 se publica el libro Joan Miró de João Cabral de Melo -diplomático y poeta brasileño- donde Miró trabaja sus primeras xilografías con la colaboración de Enric Tormo en su taller de Barcelona. En ellas, se vale de la huella de una lata de sardinas aplastada y de una aguja. En 1956 fija su residencia en Mallorca en la casa que el arquitecto Sert le diseña en lo alto de una colina, el mismo arquitecto que había diseñado el Pabellón Español durante la Exposición Universal de París de 1937 y el creador del Museo de Miró en la ciudad condal. 1958 fue el año de la inauguración de los dos murales de la Unesco, en París. El proyecto recibe el Guggenheim International Award.

Aimé Maeght decidió en 1959 abrir sus propias imprentas en Levallois (París). Miró dispone de un taller donde trabajará a partir de 1960 y hasta 1966 con la colaboración de René Le Moigne y Guy Veliot, realizando una cincuentena de estampas algunas de las cuales presentan una clara influencia de Jackson Pollock y del expresionismo abstracto, como la serie Gigantes de 1960 que consta de seis aguatintas en blanco y negro estampadas a partir de cobres de gran formato (casi un metro) previamente recortados según formas al azar. Estas planchas preludian a su vez las grandes composiciones conseguidas a partir de la técnica del carborúndum. Miró declaró en una entrevista a Lettres Françaises en mayo de 1961, que para esta serie elige las planchas de mayor formato que la prensa en talla dulce le permite y que las concibe y las graba de una sola vez. Este tamaño le hace tomar conciencia de su proyección y su lirismo, dejando ver el gesto físico de su pintura. Miró, por otra parte, afirma que cuando tiene que ilustrar un libro o realizar un cartel lo hace con el mismo espíritu que cuando aborda la pintura, sólo lo diferencian los medios y las soluciones. Cuando graba no parte de una idea preconcebida sino que va trabajando según los sentimientos que le suceden. Tanto para un grabado como para un cartel, el ambiente del lugar de impresión y el olor de las tintas son lo que le dan el primer choc y le gusta robar de los operarios las pruebas que éstos no toman como buenas, pues Miró piensa que están llenas de ideas y de vida. En cambio en la litografía le gusta hacer una maqueta previa que trabaja sobre la piedra con los dedos o con no importa qué para descubrir la materia: lo que le apasiona son las sorpresas, jugar con lo imprevisto. En 1966 hace sus primeras esculturas monumentales de bronce, Pájaro solar y Pájaro lunar. En 1968 realiza su quinto y último viaje a Estados Unidos.

Impresionado por los acontecimientos que tiene lugar en París, está informado de la situación y quiere conocer el espíritu que los impulsa, para ello mantiene conversaciones con sus nietos e intenta comprender las inquietudes de la juventud de ese momento.

Estuvo trabajando ininterrumpidamente hasta que falleció el día de Navidad de 1.983.