| Dos años después se sintió atraído por las esculturas del
jardín de San Marcos, lugar al que acudía con frecuencia
para estudiar las piezas antiguas de la colección de
los Medici. Invitado a las reuniones y tertulias que
Lorenzo el Magnífico organizaba en el palacio de los
Medici con otros artistas, Miguel Ángel tuvo la oportunidad
de conversar con los miembros más jóvenes de la poderosa
familia, dos de los cuales posteriormente llegaron a
ser papas (León X y Clemente VII); conoció también a
humanistas de la talla de Marsilio Ficino y a poetas
como Angelo Poliziano, habituales visitantes del palacio.
Por entonces Miguel Ángel, que contaba con 16 años de
edad, ya había realizado al menos dos esculturas en
relieve, el Combate de los lapitas
y los centauros y la Virgen
de la escalera (ambas fechadas en 1489-1492,
casa Buonarroti, Florencia), con las que demostró que
ya había alcanzado su personal estilo a tan temprana
edad.
Durante una temporada se estableció en Bolonia, donde esculpió
entre 1494 y 1495 tres estatuas de mármol para el arca
de Santo Domingo en la iglesia del mismo nombre. Más tarde, Miguel
Ángel viajó a Roma, ciudad en la que podía estudiar
y examinar las ruinas y estatuas de la antigüedad clásica
que por entonces se estaban descubriendo. Poco después
realizó su primera escultura a gran escala, el monumental
Baco (1496-1498, Museo del Barguello,
Florencia), uno de los pocos ejemplos de tema pagano
realizados por el maestro, muy ensalzado en la Roma
renacentista y claramente inspirado en la estatuaria
antigua, en concreto en el Apolo de Belvedere. En esa
misma época Miguel Ángel esculpió también La
Pietà (1498-1500) para la basílica de San Pedro
en el Vaticano, magnífica obra en mármol que aún se
conserva en su emplazamiento original. El
punto culminante del estilo de juventud de Miguel Ángel
viene marcado por la gigantesca (4,34 m) escultura en
mármol del David (Academia, Florencia),
realizada entre 1501 y 1504, después de su regreso a
Florencia. El David, la escultura más famosa de Miguel
Ángel, llegó a convertirse en el símbolo de Florencia,
colocada en un principio en la plaza de la Señoría,
frente al Palazzo Vecchio, sede del ayuntamiento de
la ciudad.
Paralelamente a su trabajo como escultor, Miguel Ángel tuvo
la oportunidad de demostrar su pericia y habilidad como
pintor al encomendársele un fresco para el salón de
los Quinientos del Palazzo Vecchio, La batalla
de Cascina, frente a otro encargado a Leonardo
sobre la Batalla de Anghiari.
En 1505, Miguel Ángel interrumpió su trabajo en Florencia
al ser llamado a Roma por el papa Julio II para realizar
dos encargos. El más importante de ellos fue la decoración
al fresco de la bóveda de la Capilla Sixtina,
que le tuvo ocupado entre 1508 y 1512, 24 años antes
de comenzar, en 1536, el Juicio Final. Pintando en una
posición forzada, acostado de espaldas al suelo sobre
un elevado andamiaje, Miguel Ángel plasmó algunas de
las más exquisitas imágenes de toda la historia del
arte. Sobre la bóveda de la capilla papal desarrolló
un intrincado sistema decorativo-iconográfico en el
que se incluyen nueve escenas del libro del Génesis,
comenzando por la Separación de la luz y las
tinieblas y prosiguiendo con Creación
del Sol y la Luna, Creación de los
árboles y de las plantas, la
Creación de Adán, Creación de
Eva, El pecado original, El sacrificio de Noé, El diluvio universal y, por
último, La embriaguez de Noé. Enmarcando
estas escenas principales que recorren longitudinalmente
todo el cuerpo central de la bóveda, se alternan imágenes
de profetas y sibilas sobre tronos de mármol, junto
con otros temas del Antiguo Testamento y los antepasados
de Cristo.
Estas imponentes y poderosas imágenes confirman el perfecto
conocimiento que sobre la anatomía y el movimiento humanos
poseía Miguel Ángel, cambiando con ello el devenir de
la pintura occidental.
Con anterioridad a la bóveda de la Sixtina, en 1505, Miguel
Ángel había recibido el encargo del papa Julio II de
realizar su tumba, planeada desde un primer momento
como la más magnífica y grandiosa de toda la cristiandad.
Pensada para ser emplazada en la nueva basílica de San
Pedro, entonces en construcción, Miguel Ángel inició
con gran entusiasmo este nuevo desafío que incluía la
talla de más de 40 figuras, pasando varios meses en
las canteras de Carrara para obtener el mármol necesario.
Durante la década de 1520 diseñó también la biblioteca Laurenciana
(sala de lectura y vestíbulo con la escalinata de acceso),
anexa a la citada iglesia, aunque los trabajos no finalizaron
hasta varias décadas después. También durante
esta larga etapa de residencia en Florencia, Miguel
Ángel emprendió —entre 1519 y 1534— el encargo de hacer
las tumbas de los Medici en la sacristía Nueva de San
Lorenzo. Una de las tumbas se destinó a Lorenzo
II de Medici, duque de Urbino (1492-1519);
la otra a Giuliano de Medici, duque de
Nemour (1479-1515). Ambas se concibieron como representación
de dos actitudes yuxtapuestas: la de Lorenzo, contemplativa,
introspectiva; la de Giuliano, activa, extrovertida.
Dispuso también sobre ellas magníficas figuras desnudas
personificando a La Aurora y el Crepúsculo,
bajo la figura sedente de Lorenzo, y el Día
y la Noche bajo la de Giuliano. Los trabajos
en las tumbas de los Medici continuaron tras el regreso
de Miguel Ángel a Roma en 1534. Nunca más volvió a ver
su añorada Florencia.
Ya en Roma, Miguel Ángel comenzó a trabajar en 1536 en el
fresco del Juicio Final para decorar la pared situada
tras el altar de la Capilla Sixtina, dando por concluidos
los trabajos en 1541. Cristo, en actitud de juez, se
convierte en el centro de la composición; a la izquierda,
la salvación de las almas que van ascendiendo al cielo;
a la derecha, los condenados que van cayendo a un infierno
dantesco. Como era normal en él, Miguel Ángel representó
a todas las figuras desnudas, desnudez que fue tapada
una década después con los paños de pureza, realizados
por Daniele da Volterra (conocido como Il Braghettone
precisamente por este motivo) en un momento en el que
el clima cultural se había vuelto mucho más conservador.
El propio Miguel Ángel aparece retratado en la piel
desollada de san Bartolomé, a los pies de Cristo.
Pese a que durante la década de 1540 recibió también el encargo
de decorar al fresco la Capilla Paulina, la principal
actividad en esta fase de su vida la encaminó hacia
la arquitectura.
Entre 1538 y 1539 se iniciaron las obras de remodelación de
los edificios en torno a la plaza del Capitolio (Campidoglio),
sobre la colina del mismo nombre, corazón político y
social de la ciudad de Roma. La obra cumbre de Miguel Ángel como arquitecto fue la basílica
de San Pedro, con su impresionante cúpula. La dirección
de las obras, iniciadas por Donato Bramante y continuadas,
entre otros, por Antonio Sangallo el Joven y Rafael,
le fueron encomendadas por el Papa en 1546. Siguiendo
el esquema de Bramante, Miguel Ángel diseñó un templo
de planta de cruz griega coronado por una espaciosa
y monumental cúpula sobre pechinas de 42 metros de diámetro.
Posteriormente, Carlo Maderno modificó la planta original
y la transformó en una planta de cruz latina.
A lo largo de su dilatada vida, Miguel Ángel fue amigo de
príncipes y papas, desde Lorenzo de Medici a León X,
Clemente VII y Pío III, así como también de cardenales,
pintores y poetas. Él mismo llegó a componer versos
de indudable calidad, en los que pone de manifiesto
sus pensamientos, ansiedades, frustraciones, ideas estéticas
y su relación con la filosofía neoplatónica. |