| Junto a éste, Leonardo se inició en diversas actividades,
desde la pintura de retablos y tablas hasta la elaboración
de grandes proyectos escultóricos en mármol y bronce.
En 1472 entró a formar parte del gremio de pintores
de Florencia y en 1476 todavía se le menciona como ayudante
de Verrocchio, en cuya obra Bautismo de Cristo (c. 1470,
Galería de los Uffizi, Florencia), pintó el ángel arrodillado
de la izquierda y el paisaje de matices neblinosos.
En 1478 Leonardo alcanzó la maestría. Su primer encargo, un
retablo para la capilla del palazzo Vecchio, sede del
ayuntamiento florentino, no llegó a ejecutarse. Su primera
gran obra, Adoración de los Magos (Uffizi),
que dejó inacabada, se la encargaron los monjes de San
Donato de Scopeto, cerca de Florencia, hacia 1481. Otras
obras de su etapa juvenil son la denominada Madonna Benois (c. 1478, Museo del Ermitage,
San Petersburgo), el retrato de Ginebra de Benci (c. 1474, National Gallery,
Washington) y el inacabado San
Jerónimo (c. 1481, Pinacoteca Vaticana).
En 1482 Leonardo entró al servicio de Ludovico Sforza el Moro,
duque de Milán, tras haberle escrito una carta en la
que el artista se ofrecía como pintor, escultor, arquitecto,
además de ingeniero, inventor e hidráulico y donde afirmaba
que podía construir puentes portátiles, que conocía
las técnicas para realizar cañones, que podía hacer
barcos así como vehículos acorazados, catapultas y otras
máquinas de guerra y que incluso podía realizar esculturas
en mármol, bronce y terracota. De hecho, sirvió al duque
como ingeniero en sus numerosas empresas militares y
también como arquitecto. Además, ayudó al matemático
italiano Luca Pacioli en su célebre obra De
Divina Proportione (1509), que trata sobre
el sistema de relaciones armónicas conocido como sección
áurea.
Existen evidencias de que Leonardo tenía discípulos en Milán,
para los cuales probablemente escribió los textos que
más tarde se agruparían y publicarían en París después
de la muerte del artista bajo el título Tratado
de la pintura (1651). La obra más importante
del periodo milanés son las dos versiones de la Virgen
de las rocas (1483-1485,
Louvre, París, y 1505, National Gallery, Londres), donde
aplica un esquema compositivo triangular que encierra
a la Virgen, el Niño, san Juan y el ángel, y por otro
lado, utiliza por primera vez la técnica del sfumato.
De 1495 a 1497 trabajó en su obra maestra La última cena, pintura mural
para el refectorio del monasterio de Santa Maria delle
Grazie, Milán. Desgraciadamente, el empleo de una técnica
experimental de pintura al óleo sobre yeso seco provocó
problemas técnicos que condujeron a su rápido deterioro
hacia el año 1500. Desde 1726 se llevó a cabo un largo
proceso de restauración y conservación que culminó en
1999. Una vez completado el proceso, no exento de cierta
polémica, han reaparecido muchos detalles ocultos durante
años. También se ha puesto de relieve el brillante colorido
de la obra original, que había quedado ensombrecido
por las restauraciones anteriores. Aunque la mayor parte
de la superficie original se ha perdido, la grandiosidad
de la composición y la penetración fisonómica y psicológica
de los personajes dan una visión aproximada de su pasado
esplendor.
Durante su larga estancia en Milán, Leonardo también realizó
otras pinturas y dibujos (la mayoría de los cuales no
se conservan), escenografías teatrales, dibujos arquitectónicos
y maquetas para la cúpula de la catedral de Milán. Su
mayor encargo fue el monumento ecuestre en bronce a
tamaño colosal de Francesco Sforza,
padre de Ludovico, para su ubicación en el patio del
castillo Sforzesco. Sin embargo, en diciembre de 1499,
la familia Sforza fue expulsada de Milán por las tropas
francesas. Leonardo dejó la estatua inacabada (fue destruida
por los arqueros franceses que la usaron como diana)
y regresó a Florencia en 1500. De esta primera etapa
milanesa también cabe citar algunos retratos femeninos
como el de La dama del armiño (Museo
Czartoryski, Cracovia).
Durante su estancia
en Florencia, viajó un año a Roma. En 1502 entró al
servicio de César Borgia, duque de Romaña, hijo del
papa Alejandro VI. En su calidad de arquitecto e ingeniero
mayor del duque, Leonardo supervisó las obras en las
fortalezas de los territorios papales del centro de
Italia. En 1503, ya en Florencia, fue miembro de la
comisión de artistas encargados de decidir sobre el
adecuado emplazamiento del David de Miguel Ángel (1501-1504,
Academia, Florencia), y también ejerció de ingeniero
en la guerra contra Pisa. Al final de este año comenzó
a planificar la decoración para el gran salón del palazzo
della Signoria con el tema de la Batalla de
Anghiari, victoria florentina en la guerra
contra Pisa. Realizó numerosos dibujos y completó un
cartón en 1505, pero nunca llegó a realizar la pintura
en la pared. El cartón se destruyó en el siglo XVII,
conociéndose la composición a través de copias como
la que realizó Petrus Paulus Rubens.
Durante su segundo periodo florentino, Leonardo pintó varios
retratos, pero el único que se ha conservado es el de
La Gioconda
(1503-1506, Louvre, París), uno de los retratos más
famosos de toda la historia de la pintura, también conocido
como Mona Lisa, al identificarse a
la modelo con la esposa de Francesco del Giocondo, aunque
se han barajado varias hipótesis sobre su verdadera
identidad. La Gioconda, la obra más famosa de Leonardo,
sobresale tanto por sus innovaciones técnicas como por
el misterio de su legendaria sonrisa. La obra es un
ejemplo consumado de dos técnicas —el sfumato y el claroscuro—
de las que Leonardo fue uno de los primeros grandes
maestros. El sfumato consiste en eliminar los contornos
nítidos y precisos de las líneas y diluir o difuminar
éstos en una especie de neblina que produce el efecto
de inmersión en la atmósfera. En el caso de La Gioconda
el sfumato se hace evidente en las gasas del manto y
en la sonrisa. El claroscuro es la técnica de modelar
las formas a través del contraste de luces y sombras.
En el retrato que nos ocupa las delicadas manos de la
modelo reflejan esa modulación luminosa de luz y sombra,
mientras que los contrastes cromáticos apenas los utiliza. Si algo merece destacarse de forma especial es la enigmática
sonrisa de la retratada. Parece ser que Leonardo sentía
una gran predilección por esta obra ya que la llevaba
consigo en sus viajes.
En 1506 regresó a Milán al servicio del gobernador francés
Carlos II Chaumont, mariscal de Amboise. Al año siguiente
fue nombrado pintor de la corte de Luis XII de Francia,
que residía por entonces en la ciudad italiana. Durante
los seis años siguientes Leonardo repartió su tiempo
entre Milán y Florencia, donde a menudo visitaba a sus
hermanastros y hermanastras y cuidaba de su patrimonio.
En Milán continuó sus proyectos de ingeniería y trabajó
en el monumento ecuestre de Gian Giacomo Trivulzio,
comandante de las fuerzas francesas en la ciudad. Aunque
el proyecto no se llegó a finalizar, se conservan dibujos
y estudios sobre el mismo. De esta misma época parece
ser la segunda versión de la Virgen de las rocas y Santa Ana, la Virgen y el Niño
(c. 1510, Louvre, París). Desde 1514 hasta 1516 vivió
en Roma bajo el mecenazgo de Giuliano de Medici, hermano
del papa León X. Se alojaba en el palacio del Belvedere
en el Vaticano, y se ocupaba fundamentalmente de experimentos
científicos y técnicos.
En 1516 se trasladó a Francia a la corte de Francisco I, donde
pasó sus últimos años en el castillo de Cloux, cerca
de Amboise, en el que murió el 2 de mayo de 1519.
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