Tarde de paranoia

No sé explicar exactamente el porqué, pero este lunes ha sido muy raro.
Probablemente porque el post de hoy se podría titular:
-La despedida (la buena) del Gallego.
-El carné de conducir más caro de la historia.
-Be in paranoid.
-El viaje que nunca hice.
-Etc.

Tal vez fue extraño porque madrugué, desayuné como mayoría de seres humanos, y me fui a trabajar. Hasta aquí ya era raro para mi…
A las 2 llegué a Bcn para comer, probablemente por última vez este año, con el Gallego, quién se volvía a Galicia a esperar un par de meses antes de instalarse en Nueva York.
Después de la comida nos fuimos con Pinipon a despedirlo al aeropuerto a pesar del diluvio que caía en la ciudad condal.

Allí fue donde mis amigos, los urbanos, entablaron conversación conmigo. Otra vez les molestó que no tuviera la ITV en regla. No vieron con buenos ojos mi habitual práctica de ir sin documentos, ni mucho menos que mi carné de conducir estuviera caducado desde hace mucho, mucho tiempo. También les da por enfadarse porque no llevas el último recibo del seguro, y se enojan aún más al ver que no han sido los primeros en multarte por todo ello…y es que mostrando los papeles se me cayeron las multas del último encuentro con otros benefactores…los mossos…

Como llovía me invitaron a instalarme en su furgón dónde casi me invitan a una cerveza y a patatas fritas. Claro que ellos estaban ocupados, cada uno por su cuenta, en escribirme unas recetas. Por supuesto me comprendieron cuando les dije que vivía en el extrangero y que había venido como cada año para celebrar la semana santa y sostener la carroza de la virgen del Carmen en la procesión. Les dije también que no tenía dinero, y que probablemente ahora tendría que racionar una bolsa de pipas y hurtar agua del grifo.

Pero no terminaba aquí. Dado que no era precisamente “el ciudadano del año”, Pinipon tuvo que rellenar unos documentos para llevar el coche. Caso contrario se quedaba allí.
Y Pinipon no conducía desde hacía 2 años, cuando le sacó a su padre el coche del garaje…Estaba empezando a temer lo peor, y se lo hice saber al urbano, quien me sugirió que lo dejara en el parking y llamara a un colega.

Al final de la recta del aeropuerto, dónde conseguimos llegar al volante de Pinipon, cogí el coche y volví a situarme al margen de la lei, como todo buen Villano.
Al llegar a casa hicimos un cigarrito, nuevamente al margen de la normativa española, e intentamos olvidar lo que había sucedido.
Entre pitos y flautas seguía lloviendo y nosotros en las nubes.
Lady Marian se rayó ante el panorama del salón y se fue. Y nosotros seguimos haciendo el tonto hasta la hora de dormir.