
A lo largo de mis intentos de emancipación he tenido la oportunidad de vivir con auténticos seres de otros planetas, chicas guapas y también horrendas, gente inteligente y auténticos cazurros. Y por suerte las experiencias positivas predominan en Tarragona, Londres, Barcelona, y ahora en Sydney.
Y entre todos estos personajillos faltaba un extraño género. Los asiáticos, quienes en mayoría imponen su ley, sus reglas, y sus costumbres.
Así que uno termina, literalmente, limpiándose el culo con su nombre…mi nombre. Y porqué? pues porque aquí cada uno tiene sus cosas: Su ropa, su cepillo de dientes, su toalla, su sartén, su tenedor, su plato, su silla, su taza de los cereales, su estropajo, su fairy, sus pinzas para tender la ropa, y por supuesto…su papel higiénico. Cada cual con su nombre para no confundirse y ocasionar un perjuicio económico al prójimo.
Pero para que son las reglas? Para romperlas no? A mi que me perdonen, pero tener que descalzarme para entrar en el baño, y poner mis pies descalzos a los pies de un WC, me parece una guarrada, más que nada porque uno no quiere saber que es esa sensación de humedad que percibe bajo la planta del pie. Será una gotita de un asiático? Porque no es por nada, pero aquí hay 3 botijos a parte del mío…
Luego me descalzo fuera, cierro la puerta, y luego saco mis zapatillas que tengo escondidas detrás de la puerta. Que raros son.
También descubrí aquí su concepto de compartir casa. Tu te encierras en tu habitación y permaneces allí siempre, si quieres cocinar te desplazas a la cocina, preparas algo, y vuelves corriendo a tu guarida, sin decir nada si te cruzas con otro individuo. Amigos míos, que corra el vino, relacionémonos, tómate otro trago.
Evidentemente no están en el salón viendo la tele porque no hay. No digo que no haya tele…lo que no hay es salón. Es casa un poco triste, con una mesa redonda y 6 sillas.
Y sillas de quien?
Tenemos a MiJong, una coreana feliz, que siempre ríe, de 25 años, enamorada de un alemán de 20 con quién tuvo su primera experiencia carnal después de un rollito de 2 semanas con el chaval. Está pensando en irse a vivir a Alemania, la pobre. Aunque me cae superbien y intento explicarle que los tíos son unos cabrones, y que un chaval de 20 años que fuma maria, sale todos los jueves, y planea venir a verla dentro de un año, solo está interesado en su piel oriental, solo otra vez.
Luego está Obi (wan kenobi), de Tailandia. Muy feliz también, joven, con 2 trabajos y unos estudios, sin pareja conocida, altamente disciplinado. Le gusta el helado de caramelo y cacahuete. Un día me llama a la habitación, me conduce a la cocina y pensé que había hecho algo malo…tal vez había usado su cuchara…pero no, me mostró serio un periódico, busco el anuncio de su helado favorito, y me dijo que aquello era “Su tesoro”, que lo probara, que ahora estaban de oferta en el super de la esquina. A lo cual exclame, “gracias tio, me has salvado la vida”, en inglés claro, que no suena tan ceremonial.
Una alemana que se llama Anica, y que no puedo ni acercarme a ella bajo riesgo de perder mis pelotillas.
Y 2 pavos más de Hong Kong, uno con 3 armarios, el muy cabrón, llenos de botes vacíos y basura. Con el poco espacio que tenemos los demás. Estos solo comen nuddles con unas algas negras que dan bastante mal rollo. Y no hablan casi.
Ah, por cierto, estoy de ocupa. Y seguiré así hasta que un día me pille la dueña del piso en alguna de sus visitas semanales. Hasta ahora he conseguido evitarla permaneciendo en silencio durante 4 horas y luces apagadas, saliendo por patas otro día, y y otras manobras evasivas en las que me estoy instruyendo.