Este es uno de aquellos fines de semana que pueden cambiarle a uno el curso de su vida. También pueden dejarle a uno fastidiado durante unos cuantos días. Lo que está claro es que no voy a olvidarlo fácilmente.
Todo empezó el sábado en la fiesta del piso. Como siempre las primeras fichas se movieron en la cocina, marcándome unos puntos con la sangría de cava. Eso si, marca de la casa.
Luna había invitado a las chicas de la academia de baile, y algunos amigos del rollo salsero de Barcelona.
Yo sabía que con el Valenciano vendría Michelle, su compañera de piso. Una chica escocesa de 20 añitos, metro setenta y ocho, morena, ojos verdes, y dulce como una caricia. Con una sonrisa capaz de detener el tiempo a su alrededor. No hizo falta abrir mi sobre, sellado a la cera, para adivinar cual era mi misión aquella noche.
Luego fueron viniendo la fashion, la argentina con su Tito, bomboncito con su novio el marco, Robes Pierre que venía a conocer a la fashion, la pinocho y su amiga alemana, etc.
La cena fue muy divertida, sobretodo los numeritos de Luna. Para desternillarse.
Muy ávida ella me hizo mucha propaganda, no se si por el cachondeo que teníamos montado o por hacerme ganar algunos puntillos entre tanta fémina.
La verdad es que las chicas arregladas y maquilladas estaban casi todas guapísimas. Imaginad como las vería después de la sangría.
Yo a lo mío. Por alguna razón, de las 12 plazas que había en el salón me quedó libre un sitio al lado de Michelle. Coincidencias…Así que allí la fui conociendo un poquito, y sobretodo disfrutando tan solo con su sonrisa.
Todo transcurría a pedir de boca. Así continuamos hacia la Clave, un garito salsero cerca de la avenida Madrid. No tengo ni idea de bailar salsa, pero me defiendo bien en la barra, que yo sabía era el lugar preferido de Michelle.
Tomamos una copas, nos reímos, siempre juntos, casi totalmente desconectados de los demás. Y seguimos con las copas, y contándonos nuestras pequeñas historias. Era tan bonito…
Y llegó la hora de bailar. Además tenía ganas porque ella no sabía mucho, y yo con 3 copas me atrevía con todo. Que si atrevía…me atreví a pisarla de tal forma que hasta le quité el zapado. Mama mía! Que fácil es meter la pata y estropearlo todo.
Lo dejamos y volvimos a la barra, yo un poco avergonzado. La verdad es que no recuerdo muy bien como fue. Creo que me dijo que yo no sabía bailar, y algo más. Me enfadé un poco. Me fui a que Luna me enseñara unos pasos…luego bailé estilo libre con Michelle…todo muy confuso…luego nos sentamos, se puso con el móvil y los mensajitos a su rollo. Yo estaba molesto con ello, aunque intenté disimular. Nos fuimos los que quedábamos a casa, esperando que al día siguiente pudiera verla en Sitges dónde iríamos a tomar un Xató.
Desde que desapareció la magia lo cuento todo muy rápido porque no me siento a gusto recordando.
Y fuimos a Sitges, pero fuimos Luna, yo, la fashion y el gallego. Y si, me tomé ese Xató como había prometido, y lo pasamos bien, si. Lo pasamos genial.
Paseamos por el pueblo, tomamos multitud de tonterías en los bares, nos reímos, y hasta acabamos yendo a bailar a Mojito, en Roselló con Balmes, a la vuelta.
Hoy mi zumito de naranja no me ayudó a dar un paso, aunque me recordó que en esta vida tengo que aprender a bailar salsa, o nunca conseguiré que Michelle se interese por mi.
Hablando de interesar. Creo que sucede algo con la fashion…aunque esa, esa será otra historia…