tanger

Ver fotos viaje a Marruecos

Quien de pequeño no veía el equipo A? Y quién no recuerda a sus 4 protagonistas? Aníbal Smith, Fénix, Murdock, y el invencible MA Barracus, cuyo punto débil era volar. Por ello, los demás integrantes del equipo le dormían con algún in apetecible somnífero cada vez que hacía falta subirse a un avión.

Mi compañero de aventuras en esta ocasión tiene algo en común con este personaje, algo que nada tiene que ver con las cadenas, con la fuerza, o con los 120 kilos. Él tampoco puede volar, y yo no tengo somníferos.
Por estas razones hubo que bajar a Marruecos en coche, y no solo hubo que conducir hasta el otro lado de la frontera, sinó hacer una incursión de más de 800 km hasta las montañas del Atlas y Marrakech.

Todo empezó la mañana del sábado 8 de septiembre en Roda de Bará, donde me esperaba Tito con una caja de víveres y su equipaje. Como ya está acostumbrado a estos viajes maratonianos en auto, había dispuesto todo lo necesario para no detenernos más que a repostar. Entre los alimentos destacaban populares productos españoles como las galletas príncipe, panecillos de leche, o los sucedáneos de la fanta o la cocacola, un poco más económicos y de un alto valor nutritivo. Todo en pro de una buena alimentación que garantizara nuestras reservas energéticas para subir “el primer 4000″.

El camino tiene poco interés. Al menos cuando se trata solamente de un camino…y uno no puede parar en Benidorm, Granada, Marbella, Málaga, el Peñón de Gibraltar, y otras ciudades que merecen una visita. Solo echamos en falta una pajillas para poder beber más cómodamente al volante.

Lo bueno llega en la frontera, después de cruzar en Ferri desde Tarifa. No os lo vais a creer, pero allí solamente había moros. Moros en las ventanillas, moros pasando la escoba, moros policía, moros turista, moros polizón, moros y más moros. Moros como el que por 5 eurillos nos evitó la fila de los pasaportes y solucionó todos los trámites en 5 minutos. Y puede que tuviera influencias también en la policía ya que solo nos hicieron una pregunta: Algún arma que declarar?

Y tras 13 horas y media de coche y barco entramos en territorio comanche: Tanger.

También estaba lleno de moros (humanos moros me refiero), casas de ladrillo y hormigón con un paseo en la playa que se asemejaba al de Salou: Discotecas, bares, restaurantes, hoteles, locales, etc. Dejarme recomendar la discoteca con más glamour de Tanger. Se llama disco 555, y tiene incluso focos hacía las nubes como la popular Pacha de la Pineda.
Los hoteles “occidentales” desde 30€, pasando por 60€ y hasta 200€. Lo fundamental es que estos tenían sanitarios Roca, y no el típico agujero en el suelo que estos monos suelen utilizar. Salvajes.

En la puerta de uno de estos hoteles apareció otro moro que nos ofrecía su casa por 50, y traía chicas. Por 10€ a su hermana, por 5€ la cabra, y la madre por 3€.
Después de 1200 km en la espalda y 2 paquetes de galletas, creerme que lo único que deseas es un Roca y una cama blanda en una habitación con poca luz para no reparar en la mugre y los bichitos que te rodean.
Después de ver a unos niños meterse debajo de un camión en mitad del paseo, entrenado para cuando sean mayores, lo que hicimos fue comer algo y acostarnos.

El día siguiente nos iba a llevar, salvando algunos peligros, hasta Imlil, el último pueblo antes de atacar el Toubcal. Fundamentalmente había que evitar a los hombres pistola, que nos esperaban a cada km en la salida de las ciudades, y desperdigados a lo largo de la autopista con sus radares móviles del tamaño de una gameboy.
La única putada de estas multas es que esperan cobrarlas al instante, conscientes que no llegarán a la península. Las pateras ya van bastante llenas como para meter correo…
Uno de estos facinerosos nos detuvo y hubo que sobornarle con unos 20 €… el mamón pedía 40, y le regateamos como si se tratara de un vulgar mercader. Se los metió al bolsillo y olvidó el incidente.
Pudimos proseguir, en un país incivilizado, comportándonos mejor que en casa…respetando los malditos límites de velocidad. Y ya solo nos preocupamos a la altura de Casablanca donde apareció un poli cada 300m en un tramo de 30 km. La curiosidad nos pudo y nos paramos a preguntar si aquello era normal, había habido un atentado, o estaban de maniobras. Resultó que el Rey estaba por allí, el mismísimo Mohamed VI cuyo jeto sigue apareciendo en mis pesadillas de tanto que le vi la cara. La tenían en los comercios, en los hoteles, incluso en las vallas publicitarias. Si es que son moros.

Por lo menos la autopista era barata, unos 20€ por hacerse casi 800km. Y la gasolina casi a la par, de 38 que costaba un depósito en el imperio pasamos a 31. La putada es que no aceptaban Visa en casi ningún sitio, y ya sabe todo el mundo que mi cuenta corriente está a 0…