
Una vez superado el shock y habiendo asumido que allí no había más que moros, recordamos la auténtica misión de este viaje, subir el primer 4000, y sobretodo, volver a bajar.
Así que siguiendo el planning al pie de la letra nos dirigimos a Imlil. Una vez salimos de la autopista, entramos en Marrakech, y nuevamente chocamos con la autoridad. Parece que no les gusta que les hagan fotos, y tras el alto policial chequearon la cámara y nos hicieron borrar las fotos en las que aparecían ellos e incluso la que le hice a la señal de tráfico en la que ponía “police”. Menos mal que no pidieron dinero.
A partir de aquí, dejamos la “civilización” atrás, y entramos en el tercer mundo. Nos costó mucho encontrar el camino, y tras preguntar a varios Talibanes que no entendían ni papa de gabacho, nos vimos de vuelta por donde habíamos venido. Tras 1 hora dando vueltas Avenida Mohammed 6 arriba y abajo, encontramos el desvío. Imlil estaba a 40 km, pero la carretera era ya bastante salvaje, con muchas motos, bicicletas, mulas y …algún que otro moro.
Imlil era prácticamente como lo había imaginado. Bereberes, turistas, sin luz en las calles, gente muy rara (de nacimiento), un solo bar, y un amiente que recordaba al de un pueblecito del pirineo…solo que aquí la gente iba descalza (a 1700m).
Una vez en el único bar del pueblo, conocimos unos australianos y nos colamos en su albergue bajo promesa de pagar por la mañana. Luego intentamos meternos en su mesa a cenar, pero no fueron tan generosos puesto llevaban hora y media esperando a que les cocinaran un potaje de garbanzos y carne con un nombre a juego con el aspecto pudiente del plato.
En lugar de eso, que la verdad nos apetecía mucho, nos hicimos de milagro con unas tortillas que fue lo único que nos ofreció el cocinero-camarero-propietario-y alcalde del pueblo.
Evidentemente apareció un moro, bastante pijo y bien vestido a ofrecernos mula y guía.
Partió de 70 al día por los 2, y el pobre no sabía lo mal de pasta que íbamos, así que le tuvimos hora y media negociando. Empezó por bajar a 50 por día, y lo dejamos en 35 cuando el pobre se cansó de ver mi cara. Tito Miró al oír mula le iba a dar ya 200, creo que 60 más para pasar acompañado esa fría noche de invierno…aunque no se si eran para el moro, o para la mula…
Pagamos las tortillas, 47 Dirhams, té incluido (4€), y nos fuimos a dormir sin darle siquiera una caladita a un cigarrito…no podía ser que en estas tierras no se pudiera conseguir ni una triste hoja de tomillo…