Mallorca. Quaderno de bitácora

05:12 am – Salida de puerto

Quien no recuerda alguna historia de los antiguos navegantes, surcando los océanos de los 5 continentes en la búsqueda nuevos descubrimientos, la caza de forajidos piratas, o la persecución de la fortuna en los mares del sur…

Algo así pasó por mi cabeza en mi primera travesía mediterránea no comercial. La misión sin embargo era simplemente llegar a Mallorca, algo que puede parecer a priori un juego de niños, y que a la práctica requiere de cierta preparación y tiempo.

A parte del barquito, hicieron falta cosas como:
Provisiones: Litros de agua, víveres, patatillas, y tal vez lo que más, botellas de cava por si algo salía mal.
Tripulantes: Big brother’s family, un servidor, y mariano, compañero de aventuras.
Depósito: Dejarme que sea rudo: Para cagarse, 1200 litros de fuel.
Comunicaciones: Emisora, móvil vía satélite, radar, sónar…
Salvamento: Chalecos, zodiac, bengalas, etc.

* Algún marino de verdad probablemente se reiría con semejante dotación de recursos…Y probablemente preguntarían que haría falta para cruzar el atlántico.
Llegado el momento contestaré…

Y cuando el capitán dio la orden, soltamos cabos, y fijamos rumbo 140º en mitad de la noche. No hace falta mencionar que tenía bastante sueño, a quien se le ocurre levantarse a las 4 de la madrugada…eché de menos el avión…y no sería la última vez durante la travesía.

Durante los primeros 30 minutos no se veía prácticamente nada, ni siquiera las olas. Solo algunas tenues farolas instaladas a bordo de cargueros y demás navíos fondeados.
Afortunadamente y al alba, el campo de visión se ampliaba y la atención a la carretera disminuyó, relajando a la tripulación. Tripulación que contaba con dos pequeños individuos que no superaban el metro veinte. Uno de ellos al timón.
Como tenía confianza en mi sobrino de 9 años, me acosté un poco. Solo me sentí algo inquieto cuando mi otro sobrino de 5 quedó al mando…Y para eso el cava señores, una copita y a relajarse…Lo peor que podía pasar es acabar en Algeciras tras un leve error de 30º en el rumbo.

Lo mejor de los viajes marítimos es para mi el momento en que no se divisa tierra, ni pájaros, ni barcos, ni básicamente nada orgánico o fabricado por el hombre. Solo agua, litros y litros que no podrían siquiera cuantificarse a campos de fútbol. Y toda del mismo color, a la misma altura, igual de salada, en cualquier dirección más allá del horizonte. Agua.

Pero en la ruta Tarragona – Mallorca no hay mucho tiempo para eso, pronto aparecería algún entretenimiento, como esquivar el Ferry de la Grimaldi. Si es grande el mar, que si no viramos acabamos colisionando…
Luego algunos atunes celebraban nuestro paso dando unos brincos. Hubo que sacar la caña y ahuyentarlos, pues me distraían al diminuto patrón.
Pero la mejor de las sensaciones estaba aún por llegar, aquel cosquilleo incontrolable. Un murmullo que recorre navío de proa a popa: Tierra a la vista, gritó el vigía!
De hecho fue el patrón, porque había más roles que cubrir que personal…Pero eso no estropeó el gran momento. Después de casi 6 horas divisábamos las islas baleares, cuyos riscos sobrepasaban en altura los desdichados nubarrones que cubrían la base de la costa.

Con cierto engaño se perciben las distancias en el mar. Ja som aquí! vociferó ahora un Tarradellas con compañía. Pero no! haría falta más de una hora para entrar a puerto, y es que parecía que estábamos tocando la isla cuando los aparatitos indicaban más de 20 millas de distancia. Sosteníamos una media de 17, así que calculad.

11:45h – Entrada al puerto de Sóller

Una vez aquí, todo es otra historia. Lo primero pisar tierra firme, arreglar los papeles del amarre en capitanía del puerto, descansar un poco, dar una vuelta, comer, un poco de playa, trabajar un poco al ordenador, recoger, cenar. Esta parte seguro que todos la hemos vivido ya con anterioridad, así que no me extiendo más. Mañana será otro día, y si las previsiones del tiempo vuelven a ser favorables seguiremos explorando las costas del peñón.


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