Sobre la música comercial
…dejarse llevar…
…suena demasiado bien…
…jugar al azar…
…nunca saber donde puedes terminar…
…o empezar…
Ayer estuve “castigando” a Dimerol, valorando el panorama musical y defendiendo a Chenoa, el sueño de Morfeo así como otros grupillos comerciales del momento. El cráneo casi le sale de la orbita cenital.
Lo cierto es que estoy en contra de la música comercial. Respeto que gran parte del mundo esté encantado con lo que las radios tendenciosas nos hacen escuchar, los anuncios, la prensa, la televisión, la oferta limitada del Pryca y otras tiendas.
Me di cuenta también de que cada grupo social, segmentado por clase, edad, o localización geográfica, ofrece un target para determinada música y por ello esta triunfa a pesar de parecer odiosa, simple o pastelona. Si volvemos a Chenoa, y las paridas del desamor, encontraremos un grupo de quinceañeras y solteronas a quienes esa música llega al alma. No es Tracy Chapman, pero cumple su función. Y si prohibimos a esta chica cantar, quien va a animar a esas desalmadas…
Concluyo que no se puede criticar a ningún cantante por su música o por su voz o por sus letras. Lo que hay que criticar es un sistema movido por el comercio y no por la calidad o sensibilidad musical. A una industria que escoge el camino del dólar (como todas) manejando la cultura musical y perjudicando a muchos grupos o cantantes. Estos no pueden salir a escena porque otros productos más comunes tienen una explotación más rentable garantizada.
Ya se que la industria funciona así, de cara al beneficio, pero una cosa es fabricar yogures y la otra hacer llegar música a nuestros oídos. Hay cosas con las que no se debería especular, como por ejemplo la cultura.
