La segunda semana pasó deprisa, mi instructor dejaba la empresa esta semana y no estaba muy por la labor, como se ha dicho “pa lo que me queda en el convento, me cago dentro”…así que traté de captar lo máximo, robarle las contraseñas, y disfrutar de estos últimos días de azúcar. Alguno se preguntará porqué hay que robar contraseñas en esta empresa que me ha empleado, y la respuesta es un tanto incomprensible. Primero te contratan, y con los meses te van dando acceso al sistema para que puedas ir haciendo algo, unos 4 meses me dijeron. Así que sin mucha tregua, hay que espabilarse como en un gheto para sobrevivir.

El gym iba viento en popa, cada día estábamos un poco más reventados, y el viernes fuimos a darlo todo…y dimos tanto que a poco mas y no llegamos a casa por nuestros medios. Hubo que reposar, tomar unos filetacos, y acto seguido comenzar con las copas de rutina. Pequeño burgués ya estaba en el centro cenando y nos propuso acercarnos a la Latina, aunque un par de féminas no dieron el toque desde el “Yasta” y nos fuimos para allá. Una vez en la selva cortamos las cadenas y volamos por allí dentro, localizamos a las presas y … bebimos. Después de 45 minutos, y quedando patente que no era un viernes como los demás, perdimos la verguenza y nos acercamos. Y allí estaba, la mujer de mi vida, y fue Big y se la agenció, dejándome a la Rancia, título que llevara de por vida por lo Rancia que era ja hijadeputa…ups, tacos…Luego parece que congenió mucho con Big, y bueno, puede que fuera la de la suya, el tiempo dirá si estos 2 llegan a algo.

Después del castigo hepático del viernes, no hubo muchas energías el sábado. Guitarrita, play, un poco de trabajo del pluriempleo, y a dormir pronto. Tan pronto que mandó un mensaje la gata para quedar y quedó pitando en el móvil hasta las 9 del domingo. Agua.

Ya no podía pasar otro día en esta ciudad sin que hiciéramos algo cultural, o al menos algo que no fuera trabajar, entrenar o salir de fiesta. Consultando las escasas guías online encontramos una obra llamada “Imprebís” en el teatro Alfíl. De una compañía con 4 personajes en el escenario, 2 de los cuales hacían numeritos de acuerdo a los temas que escribimos al entrar en unos papelitos. Había un músico que cantaba una canción con el tema immediatamente después de leerlo, y uno más que estaba sentado. Creo que era el director, pero que vas a dirigir en algo improvisado … esto es españa, dos currando y 2 mirando!

Sorprendentemente éramos 5, y sacaron 2 de nuestros temas, la abuela de Bartolo y la bata-manta. Tengo que decir que quedé sorprendido de la capacidad de estos pavos para inventarse una historia en el momento, interpretarla, con puesta en escena y encima nos hartamos a reír. Salvo en el último sketch, que fue dramático, y pegaban a una mujer en el suelo…nadie entendía porqué me reí cuando el tio le preguntaba, -que te estoy maltratando?…mientras la pegaba patadas. Pero no era una obra de cachondeo? que poco sentido del humor!

Después de la obra continuamos con el domingo majete, tomando unas cañas con Irene, Raquel y la Gata, que acabó enrollándose e invitó a cenar.