
Me había levantado tarde “hoy”, y pensé en comer poco reservándome para el almuerzo. Fue entonces cuando recordé una historia que me contó mi abuelo…´
Se remonta a 1937, en el asedio a Madrid, dónde varios frentes resistían en el Jarama, Guadarrama y otros lugares de la sierra.
Los bombarderos nacionales Junker 52 (en realidad estaban adaptados como bombarderos, pero no lo eran), lanzaban sin cesar pequeños “pepinillos” sobre Madrid. Y bueno, uno de esos artefactos fue a parar a la cueva dónde estaba mi abuelo y otros tantos. Que como he dicho estaban en la sierra.
Era la hora de la cena, y bueno, estaban comiendo. En el mismo instante en que cayó la bomba todos desaparecieron, y se arrinconaron lo más lejos posible de ella…todos menos uno: El abuelo.
Según me dijo, pensó que mejor era morir con el estómago lleno, y que si se apartaba al fondo, iba a palmar igual, luego a comer.
Pero yo, yo creo que la historia fue diferente…me atrevo a contaros más cosas:
1-En aquella época había mucha hambre.
2-Las bombas eran de muy mala calidad.
3-Deduzco que los demás no lo sabían.
4-Y que mi abuelo tampoco, pero tenía mucha hambre.
5-Creo también que la bomba la perdieron, ya que iba para Madrid.
6-Y que fuera hacía mucho frío, o había más bombas. Sino porque quedarse dentro…
7-O que en realidad estaban en el frente y si salen les acribillan a tiros.
puede que tuvieran miedo a la oscuridad.
9-La más importante, por cierto, es que la bomba no explotó…
10-Joder, parezco Descartes: La bomba no explotó, luego existo.
En realidad hay otra conclusión más importante aún:
Si en lugar de prepararme un zumo de naranja natural, con todo el trabajo de cortar, exprimir, etc, me hubiera comido un plátano, no habría tenido tiempo de pensar tanto, y hubiera empezado a trabajar antes…