Hoy matxambrat me ha contado un cuento de navidad, una opinión propagada en la región acerca de mi madurez. No se muy bien si aceptar críticas de alguien con nombre de ladrillo, aunque me encantan.
Mi problema es que no estoy demasiado de acuerdo, yo no quiero volver a los 20. A esa edad ya hice lo que quería hacer, aunque no fuera lo correcto. Tal vez hubiera querido hacer otras cosas que estaban fuera de mi alcance, pero no las necesitaba. Había mucho por descubrir.
El problema del Villano es que su vida está muy lejos de sus sueños, y eso probablemente me pasa por dormir demasiado. Siempre he creído que los caminos que la sociedad ha trazado para nosotros no son necesariamente obligatorios. Bueno, siempre no. Durante mucho tiempo me dejé llevar sin rumbo, distraído por todo aquello que me ofrecía la vida.
Pero llega un día que todo eso ya no es suficiente, que descubres que estás buscando algo, que quieres algo, ser alguien, y que conseguirlo no es ni fácil, ni inmediato, ni gratuito. Y cuando te das cuenta tarde de quien eres y de quien quieres ser el esfuerzo ha de ser necesariamente mayor y el camino arduo, lúgubre, y solitario.
De todas las citas que deambulan por mi cabeza, hoy escojo una sobre el carácter. Dice:
El carácter de un hombre se mide por la capacidad de resistir las tentaciones.
Y tengo muy claro que me falta una gran dosis del mismo. Siempre es más fácil divertirse que trabajar, gastar que ahorrar, usar que construir, esperar que actuar.
Por suerte para mi, y muchos de vosotros, el carácter de un ser humano no es perenne, puede cambiarse. Dicen que a los 20 está definido, pero que va modificándose con la edad. Y los factores que más influyen sobre éste son la educación y las dificultades que debemos superar en la vida. Por estas cosas intento valerme por mi mismo, y por supuesto, estudiar y vivir nuevas experiencias, como viajes, nueva gente, viejos conocidos, etc.
Al mismo tiempo la confianza en uno mismo, la seguridad, se construyen con los éxitos. No importa cuantas veces te caigas, si eres capaz de levantarte cuantas veces necesites para lograr tus metas. Si llegas donde te has propuesto sabrás que eres capaz de cualquier cosas. Y si te rindes, aparecerá la duda. Y serás un jodido fracasado.
Iba a decir en broma “Bienvenido al club”, pero no estoy bromeando. Mis expectativas son probablemente tan altas como la torre de babel, y mi mente está confusa como sus constructores, pero seguiré poniendo piedras hasta el día en que pueda mirarme al espejo y sonreír.
Sí, lo sé, no se trata de una meta, sino de un camino, pero existen inflexiones en las que has dado un gran paso: un proyecto terminado, una graduación, un simple examen, el nacimiento de un hijo, comprarte una casa, ligar con esa chica, ganar el premio, vencer a tu competidor, en fin cosas puntuales que constituyen pequeños éxitos que te hacen sentir mejor.
Soy consciente de que mi situación es de alto riesgo, porque lo quiero todo, y lo quiero ya. A pesar de mi edad, situación económica, laboral, preparación, etc. Y sobretodo porque creo que aún es posible.
