Ver fotos de Montblanquet

Este pudo ser un domingo cualquiera. Dormir mucho, tomar el Vermouth, ver cine de Barrio (aún echan esto?), la siesta, el reportaje de la liga, uan cena suave, y luego de vuelta al catre.

Pero Amelie, el Loco y yo decidimos pisar algún pueblo desconocido en un radio de 100 km. Después de despegar sonaban ya nombres como San Sebastián, Armenteros, o San Lucas de Barrameda. Pero claro, estos ya lo conocíamos, así que retomamos las especificaciones iniciales y fuimos avanzando, sometiendo a votación la dirección e tomar en cada cruce de caminos. Valls o Valencia, Montblanc o la Riba, Les Borges o Tárrega, y así señal tras señal, hasta que no supimos ni dónde estábamos. Acabamos en un precioso pueblo de piedra llamado Montblanquet, con unas panorámicas excepcionales.

Allí seguimos las instrucciones del único habitante del pueblo hacia el restaurante más cercano, pasando entre molinos de viento, y carreteras de cabra. Comimos unas frutas silvestres al no encontrar el lugar, y seguimos avanzando.
Al final llegamos als “Omells de na gaia”, vaya nombrecido. Allí ingresamos en la fonda de ca l’amorós. Degustamos aceites virgenes, olivas arbequinas, pan de payés, y una amabilidad desmesurada del propietario que acabó con una factura de 25 eurazos por barba. Y pensábamos comer barato…de pueblo.

Por la tarde había que regresar, tomar unas fotos, y concentrarse de nuevo en las tareas del hogar. Fue divertido, y más instructivo que parar la tarde contando las plumas de Parada.