Arrancados motores y conduciendo por la AP7 dirección Barcelona todo me sigue pareciendo rutina puesto conozco cada curva de esa carretera. Asturiano está en el coche, lo cual rompe la monotonÃa, pero hace falta más.
Al llegar al Vendrell cambiamos a la general, y además la del interior, la cual no habÃa cogido nunca. Bonita. Decidimos en este punto evitar el gasto de las autopistas y disfrutar de lo placenteras que resultan las generales. (Mas tarde merendarÃa tal afirmación con patatas).
El viaje continúa, seguimos hacia el norte parando a comer un improvisado bocadillo cerca de Gerona. La impaciencia por entrar en Francia es, a estas alturas, tremenda. Y es que hasta que no lleguemos al extranjero no parecerá del todo real. En una hora más hemos llegado a Figueres, dónde me inundan los recuerdos. Allà compramos comida.
En 30 minutos más, la Jonquera. Nos hacemos con un butanillo y una bombona de gas.
Tras 5 km por fin llegamos : “Benvenue a France�.
Paisajes semejantes, lÃmites de velocidad casi calcados, coches de las mismas marcas…Parece que no hayamos salido de España…y también que yo no haya estado nunca en Francia.
Visitamos Narbonne , un pueblo tranquilo con una catedral impresionante (Cour Saint-Eutrope) de partes semiderruidas por algún bombardeo o, en su defecto aluminosis.
Esta ha sido la primera ciudad dónde hacemos turismo.
A destacar el homenaje que nos dimos en un banco del paseo : Latas de mejillones con cacahuetes, patatas fritas con pan, y fuet con salchichón.
CaÃda la tarde continuamos por la nacional francesa dirección Montpellier esperando encontrar el apartamento de campo. Tras mirar un poco, nos abrimos paso por un camino rural que desemboca en una granja, y allà estaba, próximo a una lÃnea ferroviaria. Pasamos una buena noche, al menos hasta que cantaron los gallos de la acogedora granja, a eso de las 5:45h de “le matinâ€?.