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Día 6 – El sexto día (Génova)

Y van 6. Camino a Génova en un ataque de nervios provocado por las tremebundas colas de estas generales europeas. Y pensábamos que en Italia todo iba a ser más bonito.
Interminables hileras de motos aparcadas a ambos lados de la carretera, conductores suicidas, colas y más colas. Desesperante!

Los pueblos aquí bastante maltrechos, poco que ver con la fastuosa costa azul francesa. La entrada en Génova deplorable: Fábricas, suciedad, casas viejas, y todo detrás del cartel que anunciaba su nombre. Menos mal que en 10 km se arregló un poco.

Encontrar el centro fue una odisea, e incluso en 2 ocasiones creímos haber lo visitado. Mentira!. El centro estaba ahí, pasando las 2 torres de ese castillito poco prometedor. Dentro todo era diferente, un casco antiguo, contenedores de basura a rebosar, muchos edificios de los imperiales, un museo dónde nos querían hacer pagar, calles estrechas en las que había que pasar en fila india, señoras de mal ver y oficio antiguo, etc.

Un detalle importante: En Italia no estamos viendo inmigrantes. Será porque la gasolina s/p cuesta 1,18 € en el sitio más barato, y el diesel 1,07€. No lo sé.
Nos quedaba por ver el puerto, al que llegamos a patita. Nos sorprendió un barco pirata que fue escenografía de la película “piratas�. Una obra maestra, tanto en volumen como en acabado. Ah, también querían hacernos pagar. Bellacos.

Sería muy grande Génova, pero ya tuvimos suficiente. Queremos algo nuevo, diferente al menos, y eso es lo que fuimos a buscar.
Montamos en la “maquina” y tiramos dirección a Piazenza por el interior, y allí diseñamos una ruta por carretera de montaña que nos llevaría a Pisa. A seguir soñando.

La noche la pasamos en Rovegno, un pueblecito de montaña muy acogedor. Tras informarnos de los precios del albergue de Orrendo (nombre real del pueblo), unos 70 €, decidimos aventurarnos hacia el camping de fontanigorda y cenamos unas auténticas pizzas italianas en su restaurante de madera.

Viendo el aspecto que tenía (muy bueno), y habiendo observado un camino que lo bordeaba por el norte, nos instalamos allí.
Montar la tienda en la oscuridad, y entre los ruiditos nocturnos de osos, lechuzas, o pájaros carpinteros conseguimos dormirnos. Fue divertido al menos (comentario del día siguiente, los comentarios de la noche quedan “vetatos�).

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