Aunque me parece una ilusión, estamos llegando a la última parada del interminable Europa 20M.
Paris es sin duda mi ciudad favorita. Puedo decir que Venecia me encantó, que Londres dejo el listón muy alto y que Praga al anochecer no tiene precio, pero la concentración de adoquines, piedra y ladrillos que a mi me fascina es Paris.
Pasear por la rivera del Sena con vistas a Notre Dame, parar en la isla de Saint Louis a tomar un helado de vainilla en Berthillon, andar luego los 4 km hacia la torre Eiffel pasando por l’hotel de Ville, disfrutando de los espectáculos en la plaza del Madamme Pompidou, ver los jardines de les halles, viendo el Louvre por fuera, el parlamento, el musee d’Orsay, los bateau mouche, y los inconscientes nadando entre ellos no tiene precio para mi…bueno, por unos 200 € se puede ir un fin de semana con la Mastercard.
Después de la caminata, y con un cansancio incómodo nos dirigimos al hotel con la idea de renunciar la fiestecita que habíamos organizado con Alyza y una chica Argentina.
Ya echado en la cama me lleve una grata sorpresa al ver que la chica de Maldivas se había trasladado a nuestra habitación. Que pasaba hoy con los jueguecitos del destino…ahora quien le dice que no hay Pigalle de noche.
Y rememorando aquellos 23 añitos, en los que el medio hostil governaba nuestras vidas, donde no existía el cansancio, y el vaso de tubo lo curaba todo, nos fuimos a cenar con ella. En estos momentos no quería ni oír hablar de mañana, el día en que debíamos conducir de nuevo hacia “la terra”. Era mejor así.
La noche en el Pigalle parisino era muy tentadora, y más con Alyza, porque Asturiano se quiso ir a dormir. Y eso que él no tenía que conducir.
Andamos hasta pasado el Molin Rouge y buscamos un lugar donde tomar algo, otros 8 € por un cubata de mentira.
Después Alyza se fué al hotel a ponerse divina de la muerte, y buscamos una discoteca que bajara de los 30€. Ya no está la economía para caprichitos.
Entre una cosa y otra acabé llegando a las 7 de la mañana, ya de día, y con un pequeño cargo de conciencia del que me iba a acordar tan solo 2 horas más tarde.
Mereció la pena. Pocas veces se conoce una persona como Alyza, que ha vivido en USA, en Maldivas, en Singapur, etc, que danza durante 6 horas al día, que estudia políticas solo para interpretar mejor el espectáculo, que habla chino, que es una apasionada de la historia, y que para rematar és guapísima y encantadora. Espero haber ganado una buena amiga.