Hoy es el día que hemos salido más tarde, seguramente por el cansancio acumulado, o quizás por exprimir al máximo ese grandísimo hotelón.
El camino a Cannes resulta más lento de lo esperado, con unas colas que aburrirían a un péndulo.
Que bonita ciudad, casas y casas, playa y más playa, y un festival al que llegamos tarde por una semana. Quizá la razón por la que pudimos circular por las calles e incluso aparcar de gorra en una zona azul. Dale!, dale!, diría Costoira.
Llegamos a esas preciadas oficinas de turismo y a caminar, por si no estábamos ya cansados. Pasamos por las callejuelas y omitimos entrar en las tiendas para no gastar. De hecho tampoco tenemos dinero.
Se celebraba además una exposición de fotos de actores y actrices que colgaban de los edificios (las fotos), lo cual queda bien plasmado en el reportaje gráfico.
En la visita al casco antiguo, también andando, descubrimos la mejor vista de la ciudad, el mirador donde se puede contemplar el puerto y gran parte de ella.
Hasta aquí hemos llegado. Se podía montar en ferry hacia los peñones y alguna que otra actividad preparada exclusivamente para quitarnos los dineros. No lo consiguieron.
Lo más curioso que encontré en esta urbe fueron las chicas, todas muy posh, monas ellas, y que sonreían cada vez que uno las miraba. Nada que ver con esa contramirada desafiante a la que nos tienen acostumbrados. Yo diría que hay un buen rollo generalizado.
De nuevo montamos a poderoso y dimos unas cuantas vueltas más por la ciudad antes de irnos dirección a Niza.
De camino paramos en un camping donde pasamos la noche. Resulta curioso que había dos chavalitas suizas y no nos atrevimos a decirles nada. Esto hay que empezar a remediarlo con Juan Bautista de 15 años. Todavía hay tiempo.