A medida que transcurre el viaje se enfatiza en mi una doble sensación:
- Por un lado la de tener ganas de que esto acabe y sentarme durante 36 horas en un sofa viendo el anuncio del almendro sin parar mientras como mejillones en escabeche.
- Y por el otro parece que me he adaptado a una forma de vida que podría ser el ir de aquí para allá eternamente. Realmente lo único que me estresa de trabajar unas horillas en ruta es ver a pequeño ministro aburrido y esperándome.
De nuevo en ruta advertimos la llegada de la frontera por la cantidad de clubs de carretera, algunos muy graciosos: Casetas de madera tamaño rulote y con una taquilla parecida a las del cine.
Tuvimos la precaución de poner gasolina, que sale a 1 € en la República Checa. En Alemania se dispara a 1,25 €.
Y ya sin otra parada más que para ver una exhibición aérea que encontramos por casualidad, entramos en Berlín, que nada se parecía a las imágenes que había visto de hace 60 años y 52 días.
Encontramos un hostel por 15€ en pleno centro, si es que tenemos suerte últimamente. Además la habitación de 6 solo tiene a una chica que se va mañana. Los amos.
Hoy terminamos la botella de knockando 15 años porque la ocasión lo merecía, y también porque no quedaba Jb. Que “romántico”.
Se torció un poco el botellón hablando de política con la chica alemana, perdimos mucho tiempo en explicarle la realidad española, y es que pequeño ministro y yo no tenemos el mismo punto de vista. Parece al menos que ninguno es malo ni extremista. El caso es que la chica era una estudiante de políticas a la que interesaba aquello y el mundial de beach volleyball que se juega este fin de semana en Berlín. Manda huevos, aquí que tampoco hay playa, vaya vaya.
Pequeño ministro hizo ahí uno de sus movimientos marcianos y se echó a dormir, desperdiciando aquello tan bonito que nos había proporcionado la botella antigua.
Yo tenía que salir a ver Berlín de noche…la caminata que esperaba a la vuelta iba a ser de bandera.
Me tiré a la calle y empecé por lo que fiché unas horas antes, el edificio ruinoso y grafiteado en la zona de los restaurantes caros. Que maravilla, que underground.
Entré, esquivé algunos bares de copas que había de la 1 a la segunda planta, todos semioscuros, con velas, escaleras llenas de basurilla y llegué.
La 3 planta me llevaría la mayor de las sorpresas del viaje. Un humano con cara perdida no muy interesado en responder a mis preguntas de “que era aquello?”, un ambiente de oscuridad, silencio y misticismo definían la atmósfera. Entré.
Quedaban 2 artistas, todo lo que podía ver eran cuadros y esculturas por todas partes, aunque con pocas velas encendidas era muy complicado fijarse en los colores. Me puse a hablar con uno de ellos rogándole que me vendiera un lienzo y unas pinturas. Me quería quedar allí.
Él me regaló los lienzos, no hizo falta pagarle. El problema fue el otro, al que intenté comprarle unas pinturas. Se molestó bastante, supongo que porque no me entendía y también porque estaba trabajando. Me echó sin atender mucho a razones. Solo decía “please go” “come tomorrow with paints”. Todos eran raros, muy freaks, dark, no se, fue todo muy extraño, sobretodo el buscar una discoteca y encontrar aquello.
Así que como no podía pintar allí seguí subiendo, al último piso, donde aparecerían los y las vascas. Estuve un rato charlando con esa gente y comentando cosillas sobre Berlín. Dio la casualidad que iban a una discoteca y me uní a ellos…por un rato.
Cuando salimos del bar resulta que iban todos en bici. Intenté seguirlos pero al final me sentí ridículo, ya encontraría otro lugar, esto es Berlín no?
Empecé a preguntar a los giris hasta que hallé respuesta, allá por la plaza Alexandre se encontraba el H2O, un dance club sin turistas. Tuve ocasión de conocer allí a una peña de berlineses con los que conocimos a una peña de berlinesas. Parece que aquí la gente si habla inglés.
Cuando todo acabó decidí que ya era hora de regresar al hogar en ruta. Entre en el hilton y pedí un plano… a caminar. No había bebido mucho, palabra, aunque seguro que contribuyó a que confundiera la torre de Alexander con otra que hay un poquillo más a la izquierda en el mapa. Si no caminé 2 horas para encontrar el hostel, llegue chispeando los dedos.
Unas horas que emplee en meditar sobre demasiadas cosas. Me acordé de Andrea, me reafirmé en mi nuevo futuro de estudiante, intenté visualizar los años venideros siendo más paciente, y también pensé en irme con la alemana a ver el volley en lugar de dormir. Casi que duermo hasta mediodía.