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Día 29– La primera incursión en el Este (Bratislava)

Se acerca la hora de las primeras reflexiones.
Parece que, dado lo interesantes que resultan las ciudades que visitamos, sus calles, los edificios, las plazas, sus gentes, sus iglesias y monumentos, las adversidades, la noche, el día, etc, a mi me resulta ya rutina.
Si bien un viaje normal a una ciudad lleva unos días, uno se relaja, visita, disfruta, y vuelve a casa, esto es una concentración de estímulos, imágenes y sensaciones elevadísima. Se resume en una palabra: cansados.

Sin embargo el objetivo debe cumplirse, tenemos que seguir encontrando aquello que esperábamos antes de salir: nada. Todo es más bonito cuando viene y no lo esperas.

Con este tema de conversación, que duro todo el día, motivado también por lo poco que nos gustó Bratislava, llegamos allí.
Cruzamos la frontera de 2 desagradables guardias con cara de malotes, y intentamos, como viene siendo costumbre llegar al centro.

Primera hostilidad.
Después de la multa de Salzburgo y la otra de Viena un guardia nos interrumpe indicándonos, que estamos circulando por un área prohibida (peatonal durante el día): “international sign” decía. El caso es que íbamos una fila de coches y sólo nos paró a nosotros. Quería cobrarse una multa, allí mismo de 55 €, y con cierta amabilidad dijo que por ser turistas nos lo dejaba en 15. Pues va a ser que no.
-Tiene que pagar.
-A quién, a usted!!!
-Si.
-No tengo dinero, acabo de llegar a la ciudad y estoy buscando el centro. Sabe donde está?
-Está en él. Tiene euros?
-No, no tengo nada, tendría que ir a un cajero. Sabe donde podemos aparcar?
-Aparque allí abajo, es una calle sin salida con un parking.
-Ok, pues ahora venimos. Usted espere aquí.

Que sorpresa el ver que el parking sin salida tenía un muro derruido que daba acceso a la circunvalación. Antes de que pudiéramos pensarlo estábamos fuera de allí. Menudo primo.

Conseguimos aparcar gratis, al fin, y damos unas cuantas vueltas por el centro, que resultó ser muy pequeño.
Lo más destacable fueron los precios:
Helado : 30 céntimos.
Mcdonalds : 3€.
Gasolina : 1€ (esto igual en todas partes)
Ropa, gorras, etc : A mitad de precio.
Cerveza : 1,3 €
Comidas : Por 5 o 6 € se puede comer en un restaurante barato.
Latas coca-cola : 30-40 céntimos.

En resumen, los precios recordaban a España en tiempos de la peseta, cuando uno era pequeño.

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