Se acerca la hora de las primeras reflexiones.
Parece que, dado lo interesantes que resultan las ciudades que visitamos, sus calles, los edificios, las plazas, sus gentes, sus iglesias y monumentos, las adversidades, la noche, el día, etc, a mi me resulta ya rutina.
Si bien un viaje normal a una ciudad lleva unos días, uno se relaja, visita, disfruta, y vuelve a casa, esto es una concentración de estímulos, imágenes y sensaciones elevadísima. Se resume en una palabra: cansados.
Sin embargo el objetivo debe cumplirse, tenemos que seguir encontrando aquello que esperábamos antes de salir: nada. Todo es más bonito cuando viene y no lo esperas.
Con este tema de conversación, que duro todo el día, motivado también por lo poco que nos gustó Bratislava, llegamos allí.
Cruzamos la frontera de 2 desagradables guardias con cara de malotes, y intentamos, como viene siendo costumbre llegar al centro.
Primera hostilidad.
Después de la multa de Salzburgo y la otra de Viena un guardia nos interrumpe indicándonos, que estamos circulando por un área prohibida (peatonal durante el día): “international sign” decía. El caso es que íbamos una fila de coches y sólo nos paró a nosotros. Quería cobrarse una multa, allí mismo de 55 €, y con cierta amabilidad dijo que por ser turistas nos lo dejaba en 15. Pues va a ser que no.
-Tiene que pagar.
-A quién, a usted!!!
-Si.
-No tengo dinero, acabo de llegar a la ciudad y estoy buscando el centro. Sabe donde está?
-Está en él. Tiene euros?
-No, no tengo nada, tendría que ir a un cajero. Sabe donde podemos aparcar?
-Aparque allí abajo, es una calle sin salida con un parking.
-Ok, pues ahora venimos. Usted espere aquí.
Que sorpresa el ver que el parking sin salida tenía un muro derruido que daba acceso a la circunvalación. Antes de que pudiéramos pensarlo estábamos fuera de allí. Menudo primo.
Conseguimos aparcar gratis, al fin, y damos unas cuantas vueltas por el centro, que resultó ser muy pequeño.
Lo más destacable fueron los precios:
Helado : 30 céntimos.
Mcdonalds : 3€.
Gasolina : 1€ (esto igual en todas partes)
Ropa, gorras, etc : A mitad de precio.
Cerveza : 1,3 €
Comidas : Por 5 o 6 € se puede comer en un restaurante barato.
Latas coca-cola : 30-40 céntimos.
En resumen, los precios recordaban a España en tiempos de la peseta, cuando uno era pequeño.