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Día 26, 27, 28 – Viena, una ciudad con clase (Viena)

Herencia del imperio Austro-húngaro, de la familia de los Habsburgo, y de cientos de músicos, unos pocos sensacionales, se nos presenta una ciudad en la que la música, la suntuosidad, la belleza y la clase forman parte de la cultura urbana.

Toda la urbe es muy amplia, siendo acuchillada por el Danubio y seccionada por algún canal. Nos invita a caminar y caminar hasta que no podamos sentir la piernas. Y Eso hacemos como humildes siervos del adoquín. Hay que tener mucho cuidado, ya que podríamos ser envestidos por bicicletas, tranvías, caminantes, vehículos motorizados, autobuses, y algún skater de la tercera edad.

La antigua Vindobona, a pesar de respirar el clasicismo más arraigado de Europa, dispone de un carril bici en casi todas sus calles y de contenedores de reciclaje para todo. Que sorpresa la mía al abrir uno de cada y comprobar que los ciudadanos depositan correctamente, y sin bolsas, cada materia en el correcto departamento. La pulcritud en las calles es una máxima respetada por todos.
Muchas revistas están colocadas en bolsas, sujetas a los postes de las farolas con un recipiente para depositar el importe de la revista. Cualquiera puede cogerlas sin pagar y lo curioso es que no lo hacen.
Nos queda todavía mucho, en el bajo imperio, para estar a la altura de tanto civismo.

Nuestra estancia allí se redujo a caminar por cuantas más calles fuera posible, tanto de día como de noche. El Prater, que es un parque de atracciones permanente, conserva una de las primeras norias que se crearon, con sus vagonetas de madera y una estructura ferrea que recuerda a la torre Eiffel. Clásico.

La zona de edificios imperiales es la de mayor concentración del planeta, no dando abasto a contemplar tanta fachada. Seguimos en la norma de no visitar ninguno de los museos…bastante trabajo tenemos para verlos por fuera. Si me quedé con ganas de asistir a algún concierto de música clásica, o incluso a la ópera. El esfuerzo económico y el no conocer ninguna de las piezas que allí iban a sonar me lo impidieron. En otra ocasión, y en otras circunstancias.

Para espectáculos los raperos de la plaza de la catedral que pasaban más tiempo pidiendo dinero que actuando. Toda una lección comercial.
Los mimos también tuvieron su punto gracioso al comprobar que no ganaban ni para pipas, y que todo el mundo se hacía fotos omitiendo la monedita de cortesía. Nuestro amigo Miquel �ngelo lo hacía muy bien: Con una mano hacía el gesto del dinerito, con la otra señalaba la hucha, y todo esto mientras con el pie derecho se mostraba nervioso, y con el bigote refunfuñaba. Muy divertido.

Un lugar muy curioso también estaba cerca de allí. Se trataba de una plaza próxima al canal donde convivían turistas, lugareños, y todos los borrachos reunidos. No se porque pero siempre están riendo…serán los más felices?

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