Lamentablemente, y como seguramente agradecerán nuestros anfitriones, no pudimos quedarnos más en Lausana y partimos hacia nuevos horizontes.
Queríamos ir a dormir a Zurich y ver Berna por el camino. Si daba tiempo, y por recomendación de “anfitriona virtual”, visitaríamos Lucerna, un diamante en bruto.
Y como estaba mandado, nos plantamos en Berna, la ciudad Oso. Una obra maestra del Simcity sin terremotos ni monstruitos comiéndose nada.
Contemplamos unas calles muy acogedoras, con tranvías arriba y abajo, mucha gente joven, geranios a mansalva en los balcones, un ajedrez gigante movido por humanos, relojes magnos y magníficos en toda torre en pie, etc. La catedral es un poco simplona, solo tiene vidrieras trabajadas como las de Lausana, aunque menos.
Visitamos la casa donde vivió Albert Einstein y probamos a tocar la mesa del salón a ver si se pegaba algo…va a ser que no. Realmente es un timo. Solo se puede ver el salón y el recibidor, todo muy normal. La otra parte de la casa pertenece a la puerta de enfrente del rellano, y es una peluquería de señores. Igual tiene un plus que te laven la cabeza en la pica de Einstein.
Estuvimos un rato más buscando a los osos del foso, y cansados de dar vueltas emprendimos rumbo a Lucerna, una ciudad, para mi, igual de bonita.
La cruza un río atravesado por diversos puentes de madera muy decorados, tiene calles adoquinadas y peatonales en el centro como viene siendo la norma Suiza , multitud de relojerías, tiendas de ropa, pocos cybercafés…Muy acogedora también.
Ya por la noche llegamos a un hotel formula 1, que por mala pata o quizás por suerte estaba completo. Puede que la gente reserve para evitar esto.
Vuelta al centro de Zurich, a buscar hoteles: 100 € mínimo y 60€ en las afueras… A todo esto nos dan la guía hotelera de la ciudad, y allí fue donde descubrimos esos alojamientos por 15€ 2 personas. Que será? que será?…
Bueno, bueno, bueno, a unos 25 km de Zurich, en pueblo perdido del monte, apareció la granja de la familia Ziegler. Aquello era bastante impresionante. Gente muy amable que sólo hablaba alemán, 8 € cada uno con cerveza, bombones y chocolatinas gentileza de la casa. Nos bebimos esa cerveza mientras en el comedor contiguo un grupito de ciclistas escuchaba y vociferaba muestras de folklore regional. Peculiar todo ello.
Hora de dormir, pero, a donde?
A donde?
Al pajar!!
Madre mía, a unos 200 m de la casa, andando entre las vacas se llegaba a un pajar con su cerrojo y todo, que además tenía como premio un par de gorriones que revoloteaban por allí en la oscuridad. Eso es lo bonito.