Los gallos cantaron tarde esta mañana. La idea de tener que irnos ya para Lausana fue casi solapada en nuestras resentidas neuronas por la de reposar y pensar luego.
Hicimos vida de invierno, hasta que fue la hora de tomar el aire. Yo tenía que efectuar una nueva conexión a la red de redes, aunque no sabía donde.
Como giu me había comentado que un amigo cogía un wireless por la face fuimos para allá. Efectivamente en la calle, y delante de su cocina tenía internet. Alegría. Pude descargar el correo, enviar los emails, subir el diario, ver quién había ganado la liga, etc.
Y luego ya para casita, donde habíamos quedado para cenar con Caroline, una preciosa francesita que no se cansó de repetir Montmatre cada vez que se lo pedía. Como sonaba aquello en sus labios.
Tortilla de patatas buenísima que nos hizo Giu, tertulia hasta las 12, y por la calle, la anécdota del día: Una cena de empresa, o de presentación de un vino que nos entretuvo un buen rato.
Fue una gente muy simpática con la que estuvimos charlando un buen rato, y hasta nos regalaron una botella de vino. Con la coña nos hicimos fotos con ellos, y un poco más y se nos llevan a continuar la fiestecita con ellos. Muy buena gente estos Milaneses.
Ya veis que estas fiestas al final nos resultan un desastre. Nos gastamos un dineral, no duran un pimiento, los pasamos fatal y al día siguiente KO total. Hay que decir que, a pesar de todo esto, lo pasé genial y conocí a gente muy maja.