Prontito de nuevo en ruta, nos disponemos a recorrer, siempre a patita, cuantas más callejuelas desconchadas posibles empezando por San Marcos. Según los lugareños Venecia es mucho más que esta plaza.
Descartado el paseo romántico en Góndola, 100€, seguimos callejeando y esquivando turistas. Es que no se acaban nunca? Un poco más y no llegamos a descubrir a las gentes que habitan allí. Andamos y andamos hasta encontrarlos, muy en el interior.
Por cierto, en esta ciudad hay más pijos y adinerados que en Cannes, Niza y Mónaco juntos. Sin duda es un lugar en el que disfrutar con dinero.
El carpintero de Venecia
Hace una temporada descubrí en internet a uno de los artistas surrealistas más importantes de hoy día, Livio de Marchi, un escultor que trabaja la madera y el vidrio como nadie, con su taller en Venecia. Había que conocerle.
Costó un buen rato dar con el nombre, que ya no recordaba, y darnos cuenta de que por carpintero de Venecia o artesano de la madera nadie le conocía. Será porque en Italiano madera es Leño, y carpintero vaya usted a saber.
Una hora más tarde allí estábamos, en el taller tienda entre sus sombreros de madera, gabardinas, mesas con forma de libro, botas de cowboy esculpidas y demás artefactos. Su hijo nos enseño álbumes de obras que habían hecho, y nos explicó un poco los procedimientos, materiales, etc. Lástima que el maestro no estaba.
Pavía
Hartos ahora si de tanta Góndola, canales y casas desconchadas proseguimos hacia Pavía, donde Giuti nos estaba esperando.
Llegamos a la hora prevista, nos recogió y nos acogió en su casa.
Todo fue maravilloso porque no éramos sus invitados, nos trató como a sus hijos. No éramos sus hijos, es demasiado joven. No éramos sus huéspedes, no es posible tanta hospitalidad. No éramos clientes, no pudimos pagar nada. No éramos visitantes, nos abrió todas sus puertas. Éramos, simplemente, sus amigos.