En los albergues juveniles la primordial es llevarnos por el buen camino. A las 23:30h ya no se puede entrar ni salir, y a las 9:30h hay que estar desayunado, apañado, y en la calle.
Pues nada, eso hacemos y visitamos Bolonia después de un cyber a 1€ la hora. (Ganga en Italia).
La ciudad es diferente también, llena de construcciones imperiales a base de ladrillos. Único. A parte de la salsa esta ciudad posee otra patente en construcciones. El estilo Boloñés. (Fer fotos de su Duomo. Esperpéntico). Lo mejor, sus porches llenos de arcadas muy elaboradas.
Dejamos pronto la city para salir dirección Venecia, “que hi falta gent”. Nos sabe mal no haber salido de fiesta por aquí, ya que esta es una ciudad universitaria donde podríamos haber lanzado algunos cuchillos. Que se le va ha hacer.
Después de 3 horas llegaríamos a la ciudad más bonita de Italia, una maravilla que merece la pena visitar, aunque solo sean 24 horas y un maletín de dólares.
La cosa no empezaba muy bien económicamente: 26 € de parking, 6 de autopista, 25 de gasolina, 15 la cena, 20 de la travel card (bus barquito), etc. Para dormir nos recomendaron un hotel muy majo en la isla de la Giudecca, pero nos pareció excesivo gastar unos 1000 € la noche. Visto lo visto andamos unos 200 metros hacia el albergue juvenil. 40 €. Nos ahorramos un pico eh!
Cenar, dar una vuelta por la isla, conocer a una asturiana de acento andaluz que eructaba, charlar con la señora del bar de la esquina y escuchar sus historias venecianas de antes de la guerra, y antes de las 12h, al convento a “fer nones”.