Ene 6 2007

Londres, de nuevo en casa

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Como estaba pactado, después de las incursiones nocturnas en Milton keynes, debía una visita al viejo London. Ciudad que custodiaba unos de mis mejores recuerdos y experiencias.

Pasee por Camdem, volví a comer recetas marroquíes debajo del puente, callejee por el Soho, hice la ruta del Tower Bridge a Trafalgar, visité la Tate modern, cenamos en ChinaTown, compramos libros usados, y viajamos en metro…un lujo en otra época.

Aún así lo mejor para mi llegó el día que me tomé solo en la ciudad. Un día para volver a Bayswater, el lugar en el que aterricé en 2004 y del que me costó muchos meses salir. No podía faltar un té, por no decir una pinta, en el Prince Alfred, comer en el Bella Italia, ir de compras a Witley’s, y sobretodo comer una chessburger de 1 pound en el McDonalds.
El problema más grave fueron las fechas, ya que todas las viejas glorias que aún sobrevivían en la city, estaban en casita con sus familias. Esto solo implica que tengo que volver pronto.

Por alguna razón, quizás por falta de tiempo, no volví a Kilburn. Lo cierto es que allí estuve aún más tiempo que en Queensway, pero no guardaba un recuerdo tan especial. Todo lo que era una aventura en Bayswater, se convirtió en rutina en Kilburn. Supongo que los primeros meses, la novedad y las ganas de descubrir la ciudad los hicieron más especiales. Luego solo se trataba de vivir allí, como quien vive en cualquier otro sitio…si bien es cierto que aquello era Londres.

Y para finalizar el viaje solo quedaba celebrar el fin de año en tierras británicas.
Decidimos no complicarnos la vida bajando a Londres, al Big Ben, y preferimos quedarnos en Milton Keynes, y vivirlo como los ingleses de la campiña.
Nos adaptamos al horario y costumbres locales, y a las 8 de la tarde ya habíamos cenado, eso sí, todo productos de casa y vinos de nuestra tierra.
Luego tomamos copas y copas hasta el momento de entrar en Oceana. En la discoteca seguimos tomando alguna que otra copa, aunque esta vez no cobraban 12 € por un dedo de whiskey con cocacola…un robo.
En realidad esta gente son unos sosos. Cuando llegaron las 12h bajaron un poco la música, el dj contó de 10 a 0 y pronunció un sonoro “happy new year”. Luego subió la música y todo siguió como cualquier día normal…salvo por los modelitos de todo el mundo, inclusive los pavos, que tenían que ir en zapatos y ropa “smart” (elegante).

La valoración global fue muy positiva, sobretodo porque estaba en compañía de una gente de “puta madre”, porque no dejamos de reírnos en 6 días, y porque el vino era muy, pero que muy bueno. Desde aquí, gracias a todos por un fin de año “diferente”.


May 5 2004

London. The first day of my new life

06:45h – Después de levantarme tempranito tempranito acabo de hacer la mudanza de casa de JAC. Rápidamente paso por casa de los sheriff a descargar los trastos y me despido de Gran Jefe y de mamá. Él se lo toma bien, algo me me sorprende incluso a mi.

08:00h – Voy a la oficina en busca de mi hermano, quién me llevará al aeropuerto, donde me espera el flying saucer.

Ups , creo que voy un poco tarde, y hay una cola del 15. Afortunadamente una chica que trabaja en RyanAir, y que se encuantra en la cola también me comenta que habrá tiempo para embarcar. Se me calmaron los nervios de golpe.

Una hora y 45 min con el desfase horario y llegamos a Stansted. Passport check y wellcome. Que mal va mi inglés!
Rápidamente localizo un tren a liverpool street y me monto sin dudarlo. Un rato más tarde empalmaría con el metro hasta queensway station. Here I am!

Localizo el flat, que está a la vuelta de la esquina, y conozco a un cachondo de Jaen llamado Chemita. Menudas fiestas nos esperaban.
Ahora tocaba comerme una pizza por 5 libras, descubrir que en el rato de comerla puede llegar a llover 4 veces, y también que en Londres no hace tanto frío.

Por la tarde conozco al resto de los integrantes del magnífico estudio de 4 camas y una cocina. Todo en la misma sala y por una pasta : 80 libras por semana.
Ahora debo proveerme con un mobil inglés y unas bambas para correr por hyde park, ah, y una tarjeta de telefonía para llamar a casita.

Tengo que decir que por ahora la ciudad me ha decepcionado, me esperaba mucho más de la Real London, la clase inglesa, y los Roast Beef. Aquí solo hay individuos provinentes de todas partes del mundo configurando un lienzo abstracto allá donde quiera que yo mire. No tengo nada contra los immigrantes, pero yo venía a ver el antiguo London de la películas bucólicas.

Ahora lo que toca es conocer a David, un suizo que vive arriba, y ir todos juntos a tomar unas Paint al Prince Alfred. Allí conozco a un inglés de pura cepa que vivió la 2a guerra mundial. Charlamos un rato, aunque ni o ni los demás entendemos un pijo. Como decía, que mal está mi inglés.
Solo me falta llamar a un tal Luis, amigo de Felipe, para quedar y ver un poco la ciudad.

Estoy un poco descolocado, pero tremendamente contento e ilusionado con esta nueva aventura…