Espiral
Sobre las 6 de la tarde tuve que cerrar el chiringuito y montarme en Poderoso con los cascos puestos y la canción “Por” de “Els Pets”. Por en catalán significa miedo en cristiano, pero no creo que mis sensaciones tuvieran nada que ver con el título. Es sólo una canción melancólica que me gusta escuchar cuando quiero estar solo.
Inusualmente en mí fui a la playa por primera vez este año, quizás porque debería haber estado haciendo de tío en un barco en las islas, quizás porque tenía calor, o porque soy siempre el rarito que nunca hace lo que toca. Pensé que a esa hora y entre semana no quedaría nadie y … me equivoqué. Podía quitarme de la cabeza aquel paseo por la orilla con el agua jugueteando entre mis pies, un camino en línea recta visualizando el silencio del horizonte… Puñeteros críos correteando y levantando arena! descaradas sin sujetador obligándome a girar la cabeza frecuentemente! y montones de personas sin trabajo que marchitaban ese cuadro paradisíaco!
En cualquier caso anduve y anduve por la playa larga hasta encontrar un descampado de 5 x 5 en el que sentirme aislado, dejé las cosas y me mojé sin otro objetivo que dejar de tocar con los pies en el suelo. La vida de a pie hace mucho que no me ofrece nada que me interese. No hay motivaciones, no hay ilusiones, no hay resultados, no hay viajes, no hay amor, por no haber no hay ni ganas de quejarme, salvo este pequeño desliz de hoy. Y pienso que todo esto se debe a los días en los que soy feliz y lo paso en grande, luego el bajón inevitable de la realidad.
Ese día fue sin duda el viernes, el día de la virgen del Carmen. Un viernes de esos que empiezan con una visita de médico al trabajo, siguen con el Vermouth, luego la comida por ahí, y por la tarde a pasear por el puerto de Tarragona en Barco pesquero. Tuve la suerte de que me acompañaran 2 amigas preciosas, simpáticas y encantadoras, un montón de amigos, cava, buena comida, luego más amigas interesantes, y más cava. Y después la guinda con Chin Lu y una copa con la tropa en el City Arms. El día no tenía porqué terminar…
El domingo en pleno bajón fui a visitar a Tito, hombre de gran experiencia en la vida, que siempre sabe disfrutar de lo que tiene, y hacer lo que hay que hacer. Hay mucha gente que me da buenos consejos, sabios incluso, pero cada momento tiene un consejero adecuado. Para Tito todo es muy sencillo: para desmotivarse hay que motivarse. Y esto significa que hay que hacer las cosas con ganas o sin ellas, porque la motivación vendrá luego por si misma en la nueva actividad generada.
Y ahora tengo que preguntarme que hacer, porque lo del trabajo está claro, pero lo que falta es más bien la parte de ocio, que debe equilibrar la balanza. Hay tantas cosas que a veces no hago nada…Supongo que mañana pensaré muy diferente, esto es definitivamente una espiral colocada en horizontal y me pregunto porque no puede ser un palo de roble…










