Estoy seguro de que alguien lleva unos días nervioso, de que cierto miembro de la alta burguesía imperial ha estado hablando con numerosas organizaciones de sicarios profesionales para evitar algo. Sé que mi foto ha llegado a ciertas direcciones que no se encuentran en los libros de correos, y sé que en el sobre había un cuantioso volumen de divisas. Además sé que toda la operación “boca cerrada” está ya en marcha para evitar que divulgue el secreto mejor guardado de dicha familia, una información que puede comprometer el futuro de una generación de pequeños burgueses. Algo que impediría al heredero en 3er grado encontrar a una princesa de su casta, proporcionándole unos pequeños “pequeños burgueses” que un día alcanzarían el título de grandes de España.

Pero tengo que hacerlo, aún a riesgo de mi vida se lo contaré al mundo, y puede que le libere de tan pesada carga:

Al pequeño burgués, su papá y su mamá, le pelan la fruta. A sus 30 recién cumplidos. Manda huevos!

El resto de secretos familiares los guardaré para mi, o será mi descendencia la que peligrará también…

Los findes en Madrid nunca le dejan a uno indiferente, siempre suceden cosas. Desde la mariscada más cara de la historia…por el momento…la densidad de chicas guapas por metro cuadrado más grande del territorio, y muchas historias para no dormir.

Por fin nos reunimos los miembros de la aventura a India, el Arzobispo, pequeño burgués y el Villano. Como no podía ser de otra forma, tuvimos que ir a comer gambas y vaya por donde, en aquel restaurante parecía haber llegado carnaval. Lo mejor de la ciudad se reunía allí, con sus joyas, sus vestidos de boutiques parisinas, zapatos italianos, mujeres con caras de plástico (literalmente). Variables que conjuntadas resultaban en estrafalarias estéticas más propias de carnaval que de señoras de jet madrileña.

Pero a parte de todo aquello esa noche aprendimos a contar de otra forma. El mundo se podía contabilizar en otro tipo de moneda, ya no era necesario decir -Esto vale 300 pavos, o aquel coche 20.000 leuros, etc, el mundo se media por “carabineros”. Una cena, un carabinero, un mileurista gana 40 carabineros al mes, y un piso en el centro cuesta unos 10.000 carabineros
Y es que esta jodida especie de gamba costó 25 euros la unidad, unos 3 jodidos bocados. El condenado, jodido, hostil precio era por gramos, no por unidades!
No me importa pagar lo que puedo por una cena, pero que soplen 3 euros por una almeja, o 25 por una gambita me acaba doliendo con el tiempo.
Afortunadamente al rato se nos pasó el cabreo y nos fuimos a lo mejorcito de la noche madrileña a tomar unas copichuelas, total, cuando uno empieza a contar en carabineros los precios dejan de doler.

El arzobispo nos dejó pronto, imagino que las cuarentonas del Alquimia no le auguraban una buena velada. Nosotros optamos por cambiar al local de al lado, con un nombre terminado en 35, y encontramos un paraíso de féminas, pijitas y monas que parecían tan inalcanzables como una bandeja de carabineros. Mi camiseta del mercadillo causaba sensación, no se si para bien o para mal, el caso es que por si acaso pusimos pies en polvorosa dirección a Aluche, un prestigioso barrio muy conocido en todo el norte del Magreb. Buscamos los mejores locales e hicimos un kit kat volviendo a contar en euros.
Me enamoré de una preciosa damisela que vestía un sombrero “charlot” con una corbata blanca. Que clase tenía, hubiera dicho que estaba en un lugar equivocado. La pena es que no comprendía el catalán.
Pequeño burgués acusaba por momentos las secuelas de su último viaje a caballo y nos fuimos directos al catre…Previas llamadas de su papá para asegurarse que “el niño” seguía con vida.