Este es uno de esos posts que se podría titular de muchas maneras dada la cantidad de sucesos que han protagonizado la excursión.
Excursión que comenzó puntual el viernes a las 4 de la tarde. Arisco, Tito Loren, Dr. Beni y yo mismo salimos de Roda de Barà en dirección norte. En estos momentos no sabía a dónde nos dirigíamos, ni recordaba muy bien el nombre del pico a atacar, pero ya había valido la pena.
El dr. Bosch, que ya pertenece esa pequeña élite que ha coronado el Besiberri Norte, se encontraría con nosotros en el Picat, immediatamente después de pasar Lleida…por dentro (1a batalla). Bocata, copa, puro, y nuevamente carretera. La cosa empezaba a encarrilarse.
Después de otras casi 3 horas de coche llegábamos al Valle de Pineta, al que se accede desde desde la entrada de Bielsa.
Allí un Jabalí se cruzó en nuestro camino, literalmente, con el objetivo de arruinar el viaje (el de Africa), intentando destrozar el morro de Poderoso. E impactó sin que tito Loren pudiera esquivarle por culpa de la pared de roca viva a nuestra derecha.
Afortunadamente todo quedó en un parachoques abollado (a pequeño burgués: esto si es un siniestro total), un antiniebla en el suelo, y unas gomas sueltas.
Ah, que como está el animal? Bien, el muy cabrito se recuperó y se dió a la fuga. Intenté cogerle y obligarle a firmar el parte, pero no lo conseguí. Apuesto a que no tenía seguro.
Sin más demora llegamos al refugio de Pineta, casi al fondo del Valle, y justo antes del Parador (molino viejo…).
Cenamos exquisitamente por 11€ y dormimos por otros 11€ (precios de no federados), y tomamos unos orujos de hierbas como pequeño homenaje de lo que estaría por venir. Y fue allí donde se destapó la primera de las mentiras perpetrada por el dr. Bosch: “tenemos una reserva de una habitación de 4″.
Era un refugio de montaña, y eso implica literas formato milico. Si el refugio es de lujo, hay colchón e incluso una cortina que te separa del resto de camioneros (individuos con adenoides o amígdalas grandes…que roncan vamos). A mi sorpresa también había duchas, lavabos, y fui incapaz de localizar el agua caliente. Igual había oiga! (creo que hay que pagar un plus)
El sábado por la mañana ya éramos 11 de agosto, es decir, pleno verano a pesar de los 5 grados exteriores a las 6 de la mañana. No os confundáis, no me levanté a esa hora, solo salí a darle charla a un pesado de la venta que no me dejaba dormir. Mi cara no le resultó agradable y conseguí que se fuera de la habitación. Ya que no sirve para atraer…que sirva para algo.
Los pesados de los doctores fueron más difíciles de expulsar, ya que volvían a perturbar mi sueño una y otra vez, hasta que consiguieron apartarme de la cama, una cama que era mejor que una eserilla, y infinitamente peor que las del parador un poco más arriba en el Valle. Quiero ser rico!
Hechas las presentaciones matutinas, recogida de equipajes y camino tunel de Bielsa. Antes de llegar hay que meterse en el desvío de Chisagües, y seguir por el camino. Cuando termina el asfalto hay una pista rural que lleva al primero de los aparcamientos. Y si queremos ahorrarnos un largo paseo recomiendo continuar hacia arriba por la pista 4×4. No es mucho, pero los coches tocaron una vez…Igual que con el Jabalí, Poderoso resistió y mantuvo el carter estanco. Seguíamos adelante.
Aparcar, preparar el equipo, y a fumarse un cigarrito para justificar cualquier signo de cansacio que pudiera surgir en la ascensión. Si ya lo dicen, que todo es culpa del tabaco.
Era relativamente pronto, sobre las 9:40h cuando empezábamos…más o menos cuando llegaban aquellos locos que se habían ido del refugio sobre las 3 de la mañana. A quien se le ocurre.
Y es aquí donde se iba a empezar a destapar la mentira del dr. Beni, que sí, que son unas 3 horas y media…
Más o menos una hora hora y media más tarde llegábamos a los lagos, los 4. Arisco creo que ya no se encontraba entre nosotros, aunque seguía presente en un cuerpo maltrecho. Aquí le engañé yo…tranquilo que los lagos están detrás de la colina…
El desnivel de este tramo es bastante pronunciado, y se hace odiar. Los lagos no son a mi parecer nada del otro mundo, pero no así las piedras, fascinantes en este lugar. Encima del lago parce que las hayan arañado con un rastrillo, en los laterales son de color lila, cuarzos, piedra verde, de todo vamos. Eh!, que no os vea coger ninguna! o nos quedaremos sin montañas.
Luego otra tartera hacia el collado, menos dura que el primer tramo, o más, yo que sé. Mis piernas tampoco sabían ya si subían o bajaban. Y las de Arisco tampoco, dado que subía también, cuando tenía que haber bajado. Los demás, expertos en este extraño arte basado en subir para luego volver a bajar, hacían los deberes sin protestar.
El cuello implicaba ahora andar por la cresta y subir ese pivote que se alzaba entre nosotros, desafiante y silencioso, que solo dejaba intuir un maullido de gato.
Al comenzar la cresta algo nos hizo darnos cuenta de que aquel no era un pico fácil: las hordas de franceses encordados que bajaban, las esperas para superar algunos pasos delicados, y esas piedras que amenazaban a nuestra neurona cayendo de no se sabía donde.
Poco a poco seguimos hacia arriba, sin mirar mucho hacia abajo. Seguimos, seguimos, hasta que nos encontramos con el ya mítico paso del gato. Yo me enteré cuando ya estaba arriba, y todos coincidimos en que no era para tanto. Como dijo un montañero Vasco: lo hice porque no me dijeros que era difícil. Nombró al autor de la cita, aunque mi neurona estaba ocupada y no consigo recordarlo.
(video paso gato)
Hasta la cima de La Múnia aún quedaba un ratito, y lo que parecía una excursión de “3 horas y media” llevaba una hora de demora. A un loco se le ocurrió además ir a darse una vuelta por los 2 picos contíguos (la Pequeña Múnia, y Sierra Morena), un descerebrado al que se le deshidrató la neurona, y sufrió lo suyo para volver a La Múnia. La vista desde arriba es genial: Pic du Midi, Possets, Aneto, Vignemal, etc. A parte de todo el circo de Troumouse, del cual formábamos parte.
Y la cresta muy divertida, con riesgos relativos. Al menos hay pocos tramos que se suban al lado del precipicio. Lo más complicado sería pasar del Sierra Morena al Troumouse, ya que se baja por una cresta con 2 cortados de varias decenas de metros a los lados, y no hay más solución que hacer un rapel. A menos claro que se quiera coger el billete al más allá gratuitamente.
La bajada fue un poema de lamentaciones, fotos a cabrillas, a un planeador que casi arranca la cabellera al dr. Bosch, y un Tito que como siempre, gusta de bajar sin palos. Arisco se había recuperado milagrosamente, o quizás la idea de bajar le estimulaba más que la de subir.
Con el dr. Beni no fuimos amigos durante 2 o 3 horas, más o menos desde que decidió llevarse los palos del collado por si me los robaban. Y claro, un servidor bajó sin ellos medio camino, único momento en el que són realmente útiles (la bajada después de 5 horas de andar).
La neurona de este volvió a funcionar a media bajada y eso salvó nuestra amistad.
Una amistad global que se vio comprometida nuevamente cuando dr. Bosch descubrió que también le habíamos mentido a él cuando le aseguramos que haríamos un vivac en el parking y ahora queríamos meterle en un hotel.
Además fue muy emotivo el momento en que dr. Beni estaba dispuesto a no dejarle solo ahí arriba, acompañandole, y él le indicó que no iba a llevarle a casa a la vuelta, dejándole en el Picat. Había amor…no se si es la palabra adecuada.
A todo esto Arisco reclamaba que le habían robado un calcetín. Fue entonces cuando se descubrió el vicio fetichista de dr. Beni, y su afición por los calcetines usados de montañero. No ha querido aún mostrarnos su colección, pero tanto Tito como yo hemos perdido uno en anteriores ascensiones. Y el calcetín de Arisco sigue desaparecido…
Pero la suerte estaba de nuestro lado, los vinculos eran fuertes, y la palabra cerveza hacía que la vista de las Perseidas a 2000 metros dejaran de ser importantes. Fuímos a Bielsa, encontramos las 2 únicas habiaciones libres que habñia en 50 km a la redonda. Luego Hassan nos sirvió 5 platos combinados en 5 minutos, y nos invitó a vino. Más tarde, y tras buscar un pub que estaba cerrado, descubrimos el bareto más autentico de Bielsa, donde tomamos Rancio, Orujos, y un licor de moras excelente. El nombre me sabía, pero el orujo acabó con mi neurona aquella noche.
Cama, y nueva neurona al día siguiente.
Eso sí, con una leve resaca, y un dolor en las piernas que aún no alcanzo a recordar de donde viene.