Nov 27 2007

Sydney. El tiempo se escapa

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A lo tonto llevo ya más de un mes y medio en esta ciudad, y sigue pareciéndome que llegué ayer. Y lo más sorprendente es que ha pasado mucho tiempo desde la última entrada en el blog y no sé que he hecho desde entonces.
La vida aquí transcurre sin estrés, sin prisas, sin nervios, y es algo que se respira en el ambiente vaya uno a donde vaya, incluso al centro de negocios. Y no por ello quiero decir que no se haga nada. Entre el surf, la playa, la piscina, y las barbacoas no hay tiempo para aburrirse. Sin embargo, si lo hay para irse cansando de todo esto y tener ganas de volver a casa.

Me da la sensación de que ya estoy perdiendo el tiempo y tengo muchas cosas que hacer. La precariedad de los recursos, el espacio, y la gran oferta de diversiones me aparta del camino correcto, de las obligaciones y de las responsabilidades. Trabajo, estudios y eso.
Por otro lado, me da la sensación de que no estoy aprovechando mis oportunidades en estas latitudes, tan cerca de Nueva Zelanda, de Fiji, de la gran barrera de Coral (Barrier Reef), de Tasmania, del Out back (desierto donde están los Aborígenes) en Alice Springs. De las islas Withsundays, donde se encuentra una de las playas mas hermosas del planeta, etc.
No se puede hacer todo amigos, sobretodo porque todo cuesta mucho dinerito, y uno no es el príncipe de Zamunda. Porque soy blanco lo digo.

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En estas 2 semanitas que quedan voy a tener que remediar algo de esto, y salir a darme otra vueltecita por el pais. Que más que un país, parece un continente entero, aun así los vuelos son aceptables, oscilando entre 70 i 120 euros por trayecto. Aquí hay ahora 4 compañías que vuelan barato: Virgin Blue, Quantas, Jet Star y Rex. Y ahora hay una nueva, cuyo nombre no he podido averiguar aún, pero dicen que vendrá arrasando con los precios.
Ahora solo falta elegir uno de los múltiples destinos posibles…o ahorrar un poquito y quedarse en casa con los chinos…


Nov 5 2007

Byron Bay. El surfer hippy

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Después de un mes por fin pude alejarme de la gran urbe y visitar alguna otra población de este inmenso país. Un famoso mercadillo hippie me llevó a Byron Bay, un lugar famoso por una comunidad de estos individuos en peligro de extinción y también por el surf. Esto último lo descubrí allí, y puede que ya no pueda olvidarlo nunca.

En cuanto a los hippis, sí, los había, con sus pintas de siempre, auténticos como duros de madera, no muy limpios, no fumaban, ni siquiera tabaco, vendían cosas…estaban trabajando??? Bueno…no todo está perdido…
Un mundo que seguramente fue curioso años atrás, cuando ellos lo poblaron, crearon sus comunidades y vivían según su filosofía. Ahora si uno quiere una casa en la zona puede preparar de 400.000 a 3 millones de euros. Esta especulación no me pareció acorde con sus gentes, pero, serán estos unos hippis ricos?

Y el surf! Como lamento no haberlo probado a los 20. Seguramente no tuve mucha oportunidad, ya que en donde yo vivía no había olas. Solo en la playa del Milagro, en Tarragona, se alcanzan los 3 pies en plena tormenta y bandera negra. Aquí en Australia con esas olas aún no han colgado la verde.
Uno que es de secano ya fue arrastrado por las olas comiendo arena, y se fue con magulladuras por todo el cuerpo, mientras un mocoso de metro veinte se reía de mí y al que por supuesto intenté partir la cara. No hubo éxito ya que volvía a ser arrastrado por la corriente una y otra vez. Cansado de intentarlo decidí tratar de beneficiarme a su madre y que alguien de la familia pagara por el niño impertinente. Para cuando llegué delante de la rubia imponente, un señor que le sacaba un metro al niño me detuvo. Ostia, el padre. Así una vez allí les comenté lo simpático que era su hijo y lo mono que estaba con el bañador de florecillas. Siempre dije que el agua no era para mi, ni siquiera para lavarme leches!

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En Byron Bay está una de las playas más famosas para el surf, Tallow beach, en la cual conté más de 100 pavos esperando encima de la tabla. Y como no, también existen multitud de escuelas que te cuidan mientras haces tus primeros pinitos. Ahí fui, ni corto ni perezoso, con un traje de neopreno que me mostraba guapo, como si pesara 70 kilos, o sea gordito.
No fue muy alentador encontrarme allí con 12 mujeres….pensé…porqué no hay tíos?…que hago yo, un macho alfa, entre las nenas aprendiendo a surfear… Pero bueno, como ya había pagado y iba acompañado, me quedé entre olas de 2 pies y tablas de espuma.
Lo dicho, que ojalá lo hubiera descubierto antes, porque engancha…y sobretodo porque a mi edad paso 2 días en cama después de cada día de surf. Bueno, digamos que intento subirme a la tabla durante horas raras veces con éxito. Aunque todo cambiará pronto.