El mundo perdido

A lo largo de mis años mozos me fui preguntando dónde se metían las mujeres. Estaba claro que en el “Ping-pong park” de Tarragona no, sede de lo más respetable de la peña el moco.
Pensaba lo mismo al jugar al baloncesto, al fútbol, haciendo motocross con una derbi variant, corriendo la “Peonada” hacia atrás, en el mundillo de los rallies…
Luego en el mundo de los freaks de la informática tampoco había lugar para ellas, ni en la facultad, ni en las pistas de esquí…
Pero dónde están ellas? Dónde se meten?
Está claro que existe un gran grupo que se encuentra de compras…no són siempre las mismas, pero el número se mantiene constante, condicionado por el aforo de las innumerables tiendas de ropa. De 10 a 13h y de 16 a 21h se encuentran en un probador, mirando un escaparate, o haciendo cola para llevarse un par de calcetines con ositos panda bordados o un top blanco con florecitas de colores.
Por supuesto es de dominio público que en materia de estudios, las mejores facultades son las de magisterio, enfermería y psicología.
Y dónde quiero llegar?
La respuesta la encontré en la salsa y en la moda. Un mundo perdido lleno de mujeres y escaso de tíos.
Y es que recientemente me apunté a un curso de moda y tendencias, en el IED, y quedé muy sorprendido al descubrir que era el único varón de todo el curso. Como mínimo esperaba encontrar algunos de camisita rosa y mano basculante.
Lo cierto es que llegué a sentir vergüenza y un poco de desamparo…que por otro lado pronto se pasó ante el panorama. Y es que las chicas que estudian moda son precisamente aquellas que se interesan por el “mundo de la moda”, y visten bastante bien.
Hay suecas, asiáticas, italianas, brasileñas, españolas, peruanas, etc. Todo un experimento sociocultural, ya que imaginad la visión tan distinta que deberían tener acerca del tema que estudian.
Y de la salsa no digo nada, ya sabéis que a las chicas les encanta bailar. Las clases van bien, aunque mi evolución es lenta. Va a costarme mucho poder bailar sin complejos en una discoteca de salsa, y una eternidad tener un nivel como para bailar con Heidi.
Todo es cuestión de paciencia y voluntad. Ánimo!


